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martes, 18 de octubre de 2011

El Club de los Corazones Rotos 4: Sonata para un piano solitario (Joseph)

Sin saber como se había vuelto una costumbre.

Noche tras noche sentarse en la esquina más alejada del club, protegido por la semipenumbra, y sorber en silencio meditabundo una taza de café negro que se iba enfriando poco a poco, como su corazón a medida que pasaba el tiempo. Le gustaba contemplar las volutas de vapor desvanecerse como sus recuerdos sin que nadie derramara una lágrima por ellas. 

Y el piano siempre estaba en su punto de mira. Oscuro, viejo, ajado, cansado... siempre esperando al amante que lo había abandonado y nunca regresaría a buscarlo. A medida que pasaban las horas solitarias y vacías sus pensamientos se iban confundiendo en torno a aquella única taza de café y se empezaba a preguntar si cuando miraba al piano no se veía a si mismo, si aquel instrumento que ya nadie tocaba no sería un reflejo de si mismo, un fantasma que se sentaba a acecharle siempre en aquella vieja esquina, para recordarle todo lo que había amado y todo lo que había perdido.

Al principio había intentado huir, escapar de su imponente presencia. Se había sentado noche tras noche dándole la espalda, deliberadamente pretendiendo ser un cobarde. Pero podía sentirlo allí detrás, esperando que volvieran a acariciar sus teclas, añorando los días de gloria en que la melodía nacía de sus fauces. Y le dolía. Imperceptiblemente sus manos se movían buscando unas teclas imaginarias que habían muerto y solo habitaban en su recuerdo. Quería tocar. Después de todo, o quizás a pesar de todo, la música era parte de si mismo, la innegable esencia de su alma, la sustancia de sus días... Pero lo que una vez había sido el sumun de la alegría ahora no era sino un muñón sangrante, doloroso, supurante de nostalgia. Ella se lo había robado todo, incluso su música, incluso su alma...

Y a pesar de que se había prometido no volver a tocar, estar frente a frente con aquel viejo piano abandonado y no acariciar sus teclas era tan doloroso como hubiera sido hacerlo. Lo añoraba. Lo amaba. Lo vivía. Era una parte de si mismo que no podría dejar morir hasta que él mismo dejara de existir y exhalara su último suspiro. Y aún así prefería continuar agonizando, compartiendo su silencioso dolor con el vaho de una taza de café y un piano sin nombre, que con las mágicas melodías que podían llegar a crear sus dedos, hacer danzar en su piel.

Hasta que un día un hombre cualquiera había tocado el piano, aquel viejo piano que era su compañero de infortunios. Joseph había sentido un dolor desgarrador en el alma al ver aquellos dedos que no eran los suyos deslizarse por sus teclas con torpeza, arrancando una melodía a trompicones que no lograba nunca sonar completa. A los oídos de un aficionado aquella música hubiera sonado bien, pero a los oídos de un maestro del piano era casi como un llanto, una llamada de auxilio de un camarada herido. Después de todo aquel piano era como un reflejo de si mismo, aguardando incansable el regreso del amante que lo había abandonado, y de pronto siendo acariciado por unos dedos inexpertos que no sabían de ternura... era como una infidelidad. 

Sin percatarse, sus dedos se habían crispado conteniendo el urgente deseo de correr hacia el instrumento y reclamarlo como suyo, de bailar sobre sus notas y llorar juntos. Porque era tan doloroso ver otros dedos que no eran los suyos sobre su teclado, escuchar aquella canción que él no tocaba, aquel quejido, aquella súplica, aquella llamada... Y como un cobarde había huido. Había salido a toda prisa del club, tropezando con la puerta roja que tantas veces le había dado la bienvenida y bajando a trompicones la calle como un borracho, un hombre ebrio de dolor. Aquella noche por primera vez en muchos años había bebido, había bebido hasta caer rendido sobre el suelo de un apartamento vacío, hasta que sus dedos crispados dejaron de tocar las teclas de un piano imaginario...

Le había costado varias noches reunir el valor para regresar, temiendo volver a encontrarse con un pianista aficionado en su piano. Pero había vuelto empujado por la fuerza de la costumbre o tal vez porque aquel era su único refugio, el único lugar donde dejar descansar a su corazón roto.

La vieja puerta roja le había dado la bienvenida como cada noche y se había vuelto a sentar en su rincón apartado de cara al piano. El camarero de siempre, cuyo rostro no se había molestado en recordar, le sirvió sin una palabra su acostumbrado café. Y allí estaba ahora, dejando que las volutas de vaho se desvanecieran sin que sus labios bebieran ni siquiera un sorbo. Los ojos fijos en el piano, dolorosamente fijos en su viejo compañero de infortunios, que en silencio continuaba esperando.

Ni siquiera se dio cuenta. Como si sus pies se movieran por voluntad propia, se puso en pie y caminó despacio hacia el piano. Sus dedos se posaron sobre las teclas tentativos y temblaron. Presionó y nació una nota, luego otra y se juntaron en una melodía torpe y sin sentido. Algunas cabezas se volvieron a mirarle, unos pocos ojos buscaron el origen de la intromisión... pero pronto volvieron a sumergirse en sus asuntos. Aquello era lo bueno del Club de los Corazones Rotos, nadie te prestaba atención. Pero Joseph no se percató de nada, absorto como estaba en su piano. ¿Cuándo se había sentado? ¿Cuándo habían calzado sus pies los pedales? No lo sabía y no le importaba. Tan solo existían él y su instrumento, el mundo milagroso que su música creaba. Al principio sus dedos se movieron con la torpeza de quien no ha practicado en largo tiempo, con la inseguridad que dan el miedo y el dolor... pero poco a poco encontraron su ritmo, el latido que marcaba su corazón, y dejó fluir todas sus emociones, dejó que todos los recuerdos amargos y los pensamientos nostálgicos volaran de su conciencia, hasta quedarse a solas con su música y el mundo que nacía de ella. Su mundo, un mundo viejo que le sonaba nuevo.

Y sus sentimientos se desbordaron sobre las notas, sus dedos rompieron las ataduras y volaron sobre los sueños perdidos, creando sin darse cuenta el comienzo de una nueva melodía; la canción de un corazón abandonado.

Tiempo más tarde alguien la llamaría "Sonata para un piano solitario", pero aquella noche no era más que una melodía sin nombre en manos de un hombre que huía del pasado.


Fading

A last goodbye
just a fake smile,
not even a tear left,
trying to hold onto you
I'm drifting away,
fading memories
calling to yesterday,
you want to leave
I wish to stay
unchanged feelings,
the same lovers
day after day,
now only losing dreams
to the shooting stars,
you won't come back
and I can only ask
Were you real?
Or just an ilusion I had?
Were you ever there?
Or was I the only one
holding onto us?

I dreamed of love and trust,
now is time to wake up,
just a last goodbye
just a fake smile,
not even a tear left,
trying to hold onto you
I'm drifting away,
I say it doesn't hurt,
I'm not in pain
but why does nostalgy
always come my way?

Trying to hold onto you
I'm drifting away...




Vieja canción

Cuando escucho aquella vieja canción
las lágrimas acuden a mis ojos,
no hay ninguna razón
pero la pesada nostalgia
anega mi corazón....

viernes, 14 de octubre de 2011

Pure white love

She was white, pretty and cold. She was pure like the first winter snow. Her hair was pure white, her skin soft, her closed eyes dreamed in the peace of those who have left all worries behind. And she was so cold... She was sleeping her eternal slumber on a coffin of white flowers and dust, once a boat. A thousand candles lit her way down the river, twinkle-twinkle. Were the stars in the sky drawing her path to the realm of the unknown?

The sepphard boy cried silver tears as he saw her pass down the river and fade on the horizon 'cause he had just fallen for a wandering soul, a life long gone.


miércoles, 12 de octubre de 2011

El Club de los Corazones Rotos 3: 24 de Diciembre (Ariadna)

En mi tercer año de carrera Alex se licenció con éxito y logró su primer empleo. Cuando me pidió que viviera con él escuché campanas, como si estuviera a punto de cumplir el mayor sueño de mi vida. Estaba segura de que tenía toda la vida por delante y alguien con quien compartirla, que aquel era el primer paso hacia el resto de mis días. Como veis era poco más que una niña enamorada.

Alquilamos un pequeño ático en el centro de la ciudad. No puedo decir que fuera lujoso, ni siquiera pudimos amueblarlo nosotros ya que yo aún dependía del dinero que me mandaban mis padres cada mes y Alex acababa de dar su primer paso hacia la independencia. Pero aquel apartamentito de una sola habitación donde entrábamos poco más que los dos era nuestro nidito de amor, nuestro refugio y nuestro hogar. O eso creía yo. Durante aquel primer año experimenté un nuevo tipo de felicidad, una clase de amor especial, sereno, confortable y apacible como debe de ser una familia y un hogar. Me recreaba en las pequeñas cosas y encontraba alegría en los más nimios detalles como esperar estudiando sabiendo que pronto Alex llegaría, cuando oía sus pasos al otro lado de la puerta y saltaba a recibirlo cuando la llave giraba con un simpático clic en la cerradura. El aroma del café en las mañanas, el olor de su aftersave refrescando el baño, la fragancia de su piel en mis sábanas...Levantar la vista del libro que estaba leyendo y encontrarme con su mirada, resguardarme en sus brazos mientras veíamos la televisión, buscar con los dedos a mi lado y encontrar su mano... 

Si ahora lo miro desde la distancia era una historia de amor bastante vana, pero para mí y me inexperiencia aquella sencillez era felicidad, aquellos momentos eran los que nos reivindicaban. Tal vez si hubiera mirado más allá o si hubiera querido mirar, si me hubiera quitado el filtro del amor, hubiera podido ver que vivía inmersa en mi propia fantasía, pero como siempre estaba demasiado absorta en mí misma y no fue hasta que la realidad me golpeó sin consideración que logré despertar de mi letargo. Y el regreso fue tan doloroso que aún hoy ando recogiendo los pedazos desperdigados de un corazón que se hizo añicos en un instante.

Aquella sería nuestra primera navidad juntos y quería que fuera especial, o así lo decidí yo. Tomé una decisión difícil pero de la que estaba segura no me arrepentiría: por primera vez en mi vida no regresé a casa por navidad. En vez de eso decidí quedarme junto a Alex y disfrutar del calor de nuestros corazones. En mi imaginación preparé una y mil veces una cena sencilla, prendí mil velas aromáticas y vi danzar las lucecillas de colores de un árbol de navidad...

Para que comprendáis mi sacrificio, lo mucho que aquello significaba para mí, debéis saber que siempre he amado la navidad. Las calles iluminadas de colores brillantes, los escaparates adornados con lucecitas y juguetes, los villancicos resonando en cada esquina, los primeros copos de nieve blanca, la emoción de comprar regalos y preguntarse si le gustarán a la otra persona, la anticipación de recibir regalos y el amor de quien los entrega... Sí, soy una romántica empedernida, siempre lo he sido, y lo he vivido hasta la médula, hasta que se desgastó la fantasía y se hizo añicos la ilusión.

Y llegó al fin el 24 de Diciembre y aunque Alex tuvo que trabajar y no regresaría a casa hasta la noche, no me importó. Al contrario, con toda la ilusión de una inocente recién casada me puse manos a la obra, dispuesta a celebrar la mejor nochebuena de la historia. Como veis nunca he sido demasiado exigente. Me pasé el día en la cocina, preparando platos que había visto hacer mil veces a mi madre pero que eran un mundo completamente nuevo para mí, hasta que logré una cena de la que enorgullecerme secretamente. Canté a media voz mientras montaba el árbol, adornaba la casa, ponía la mesa y prendía las velas. Y cuando terminé las preparaciones me senté frente al televisor  a esperar que el tiempo pasara con el corazón ligeramente desbocado.

Hacia el anochecer me asomé a la ventana y vi que comenzaba a llover. Sin pararme a pensar me puse el abrigo, me calcé las botas, cogí el primer paraguas que tuve a mano y salí de casa casi a la carrera. Era el enorme paraguas rojo que Alex tanto odiaba porque decía que cada vez que lo llevaba parecía una mujer, y a pesar de todo, cuando paseábamos juntos siempre era él quien lo sostenía. Sonreí. Iba a buscar a Alex con aquel paraguas rojo, le iba a dar una sorpresa y le iba a resguardar de la lluvia , y aunque se quejaría con una mueca divertida me recibiría con los brazos abiertos, como siempre, y lo sostendría para mí.

Fuera la calle olía a navidad. Las luces de colores iluminaban a los trabajadores que se apresuraban a regresar a sus cálidos hogares, a los compradores tardíos que se demoraban eligiendo los últimos regalos, a los niños que cantaban villancicos pidiendo una limosna y a las parejas que corrían entre risitas y cuchicheos lejos de la lluvia.

Sonreí inconscientemente al ver a una pareja saliendo abrazada de un restaurante. La viva imagen del amor. Ella era alta y atractiva, como solo lo son las mujeres llenas de confianza en sí mismas, y vestía con la atrevida elegancia de los exitosos: unos altos zapatos rojos de tacón de aguja, unas medias oscuras y un ajustado minivestido negro bajo un largo abrigo blanco. El cabello le caía en ondas azabaches sobre los hombros y mangificaba la palidez de su tez impoluta. Pero sobre todo me llamaron la atención sus labios vestidos de carmín rojo que sonreían seductores a su pareja. Y él la sostenía por su cintura contra su pecho, la resguardaba de la lluvia con su larga gabardina y la miraba como solo saben mirarte los hombres enamorados, como si fuera la única en el mundo. La sonrisa se heló en mis labios.

La mujer se apartó suavemente de él y posó un beso de carmín rojo en sus labios, al principio suave y delicado, después hambriento. Y él le respondió con pasión. Ni siquiera tuvo que ponerse de puntillas como yo hacía cada vez que besaba a Alex. Sus labios se encontraron a la altura perfecta y conectaron como viejos conocidos que se reencuentran en las horas más secretas de la noche. Escuché por primera vez el sonido de un corazón que se quiebra. El mío. Porque aquellos labios que él besaba deberían haber sido los míos, aquel abrazo que la sostenía tendría que haberme rodeado a mí, aquella gabardina que la resguardaba debería de haber sido mi refugio y aquellos ojos que la miraban como si fuera la única mujer sobre la faz de la tierra tendrían que haberme mirado solo a mí.

El hombre alzó los ojos y nuestras miradas se encontraron. Hasta el día de hoy llevo grabado a fuego en la memoria el recuerdo de su cara sorprendida, hasta el día de hoy sigo analizando su expresión en busca de un ápice de culpa... Hasta el día de hoy me pregunto si lo que le hizo alzar la vista y encontrarse con la mía fue pura coincidencia, destino o la llamada agonizante de mi corazón al resquebrajarse.

Voló el paraguas rojo que tantas veces nos había refugiado y con él volaron las ilusiones, los sueños y las fantasías, voló la inocencia de un corazón puro, y el llanto y la lluvia empaparon su recuerdo.

Porque aquel hombre que me miraba con sorpresa, aquel hombre que protegía a otra mujer de la lluvia, aquel hombre que rodeaba a otra mujer por la cintura, aquel hombre que llevaba los labios teñidos por el carmín de unos labios que no eran los míos... aquel hombre era Alex.

Aquel 24 de Diciembre sería el primero y el último que pasaría a su lado. Una nochebuena que duró apenas un minuto, lo que tarda en romperse un corazón.


martes, 11 de octubre de 2011

Volver a nacer

Si pudieras romper el silencio de mi corazón,
enredar tus dedos
en la telaraña de mis miedos
y rasgar su piel,
quebrar mi cáscara
y ayudarme a renacer...

lunes, 10 de octubre de 2011

Amándote

Posaré cada mañana
un suspiro en tu ventana
para que te confiese sin palabras
al oído que te ama.

Prenderé cada tarde
en las hondas de tu cabello
una rosa que se abre
y cada anochecer
secuestraré a los jazmines
su fragancia refrescante
para que no trepen a tu balcón
como locos amantes.

Y cuando la noche caiga
anudaré la luna a tu veranda
para que te cante serenatas
que te acompañen a la cama.

Pero será a la madrugada
cuando el sol se cuela por tu persiana
que entraré a hurtadillas en tu sueño
y como el príncipe en un cuento
te robaré el primer beso
para que cuando despiertes
solo recuerdes que te quiero.

No tomorrow

Let's love like there is no tomorrow,
let's love like there was no yesterday,
let's start over again from today,
let's build a new love story.

You're afraid of loving,
I'm afraid of not being loved,
you're afraid of getting hurt
and I'm afraid of losing this chance,
so what can we do?
when I am running forward
and you are running away,
this way we can never meet
on the crossroad of destiny.

Love like there is no tomorrow,
I'll love you like there was no yesterday
and let's start every day
our love story over and over again.

domingo, 9 de octubre de 2011

El Club de los Corazones Rotos 2: se llamaba Alex (Ariadna)

Alex era todo lo opuesto a mí que alguien pudiera ser. Si yo era tímida e introvertida, él era abierto y lleno de vida, tenía una luz que iluminaba automáticamente toda habitación en la que entraba y una calidez natural que atraía a las personas como imanes, como insectos a la luz. Y yo también fui atraída por aquella fuerza magnética, atraída irremediablemente hacia él como un inocente planeta no puede huir de la órbita del sol.

Lo que Alex vio en mí hasta el día de hoy lo ignoro. Tal vez sintió curiosidad hacia aquella joven sombría que deambulaba siempre sola y con mirada perdida por los pasillos de la facultad. Quizás se sintió interesado hacia aquello que no conocía, lo que era diferente al mundo en que vivía, hacia una personalidad que le era extraña, ajena, misteriosa... un tipo de persona que no comprendía. Puede que simplemente fuera inevitable que como polos opuestos nos atrajéramos.

Por supuesto, el fue quien dio el primer paso, yo en mi infinita ignorancia estaba absorta en mi propio mundo como para percatarme de la existencia de aquel universitario un par de años mayor que me miraba, que giraba la cabeza cuando nos cruzábamos en el corredor y me seguía con miradas de soslayo. La primera vez que reunió el valor para hablarme me tomó completamente por sorpresa y apenas pude balbucear unas palabras algo incoherentes. La segunda vez le di la bienvenida con una sonrisa involuntaria. La tercera era yo quien lo buscaba disimuladamente con la mirada por los pasillos a escondidas. La cuarta fui yo quien di el primer paso hacia él tras rumiar un millón de veces una conversación ficticia que nunca sucedió. En cada ocasión mi corazón se desbocó como un loco enamorado. Lo demás fue inevitable.

Yo estaba sola y buscaba compañía y en medio del desierto él era como una llama que me deslumbraba y nunca moría. Alex estaba siempre acompañado pero se aburría, quería probar algo diferente y yo aparecí en su vida. Mirándolo desde la perspectiva que da el tiempo supongo que las cosas eran así de sencillas, pero en aquel entonces yo no lo sabía. Para mi inocente yo de 18 años, sola e insegura, Alex se volvió mi vida.


Only you

Why is it I only can see you?
When I close my eyes there are you,
in a crowd of people only you
Why is it the only thing I see is you?

Why is it our eyes always meet?
Are my eyes always looking for it?
Searching you over and over again
on other people's faces.


Why is it I only can see you?
When I close my eyes there are you,
in a crowd of people only you
Why is it the only thing I see is you?

sábado, 8 de octubre de 2011

I can't hear your heart

I can't hear your heart
Why won't you talk?
Just look into my eyes
and swim inside,
tonight I'll make you mine
there's nowhere else to run,
forget everything that hurt
and talk,
talk directly to my heart.

Even though you speak
I don't understand,
why can't I hear your heart?
You are trying to express yourself with words,
but you never look at me and say "love",
Why is it?
Are you afraid?
or are you not?
Are you a fool?
or are you fooling me?
Why won't you talk?
I can't hear you heart

Come a little nearer to me,
step by step, I'll hold your hand,
so don't be afraid of the dark,
look into my eyes
can't you hear my heart?
It's talking to you,
only you can understand
thump-thump
thump-thump
the words that mutters my heart.

I can't hear your heart
'cause you keep running afar
from your own heart,
so come to me,
close your eyes
and open up,
let the magic flow
between our hearts.

The only thing I wish to hear
is the music from your heart.

viernes, 7 de octubre de 2011

Ojos de Gata

Tus ojos de gata correspondieron a mi amor con su silencio. Eras la provocación, la niña que con solo asomarme a tus ojos me robó el corazón. ¿Y ahora qué puedo hacer? Sin corazón y sin esas ventanas que desde tu alma me daban calor.


miércoles, 5 de octubre de 2011

El Club de los Corazones Rotos 1: antes del 24 de Diciembre (Ariadna)

Llegué al Club de los Corazones Rotos sin pretenderlo una no tan lejana noche de invierno, con el corazón roto en una mano y la lluvia lamiendo mis lágrimas. Y entonces escuché la quejumbrosa melodía de un piano viejo que parecía  llamar a la puerta de mi corazón y olí ese reconocible aroma de la soledad, la tristeza y el despecho. Puede que solo fuera casualidad, pero a mi me gusta pensar en el destino, una fuerza invisible y misteriosa que nos unió a los corazones rotos en su seno, a los amantes perdidos, y nos acogió sin preguntas en su reconfortante silencio. 

Pero para que comprendáis mi historia, cómo y qué me trajo hasta aquella puerta lacada en rojo un triste 24 de Diciembre, he de comenzar mi relato desde el principio. Desde antes de que entrara en juego el destino, desde cuando aún tenía un corazón completo que latía con esa inamovible fuerza que llamamos amor. 

Llegué a la gran ciudad cuando no tenía más que 18 años. No era más que una niña ingenua llena de sueños que dejaba atrás una parte de mi vida y creía con ciega inocencia que lo que había por venir no podía ser sino mejor. Para una joven tímida e introvertida proveniente de una pequeña localidad portuaria, la capital era el epitomo de la tecnología, un mar nuevo en el que aún había de aprender a nadar. Me fascinaban los rascacielos, las galerías y las luces que nunca se apagaban, me mesmerizaba aquella ciudad que nunca dormía; pero también me asustaba. Sobretodo me asustaba la gente, esas conglomeraciones de personas desconocidas corriendo de un lado a otro sin prestarte más atención que una simple mirada de soslayo.

Ni que decir tiene que me costó adaptarme. A aquel nuevo mundo, a los sonidos y los olores, a los colores, a la universidad, a la impersonalidad, y a vivir en un piso compartido con extraños, más incluso que a valerme por mí misma. 

En aquella época de confusión lo conocí. Al hombre que había de cambiar el rumbo de mi vida.





lunes, 3 de octubre de 2011

La niña de los ojos negros

Me miró con unos ojos negros demasiado sabios para una muchachita de su edad. Una mirada nostálgica y triste, pero tan serena como una laguna cuyas aguas habían dejado de correr. Aun así estaba seguro de que en lo profundo de aquellos pozos de serena calma, bajo la superficie de sus aguas negras, se desataba una terrible tormenta, un maremoto de emociones secretas que no encontraban respuesta.

Sin saberlo quedé cautivado por los ojos negros de aquella niña de mirada turbulenta.



Lost love

You said goodbye
even though
I didn't wanna hear
those words
coming from the lips
I once loved.

I thought I was going to die
as your back fade away
and melt in the sky,
as I heard your last words
stabbing my heart
once and once.

But I'm still standing here,
I'm still breathing
as my mind is replaying
again your last words,
but something is dying,
withering in my heart,
is it our song
dying down?
the last sparkles of love.

Sonata para mi piano

Sentada junto a mi piano
las horas pasan en blanco
y yo compongo esta melodía
que sin palabras cuenta mi vida,
tecla a tecla la desgrana,
tan sencillo es escucharla,
tan difícil fue vivirla
pero para mi piano
solo son notas perdidas
en un pentagrama en blanco,
reflejo de horas marchitas
que se funden en su abrazo.

domingo, 2 de octubre de 2011

El Club de los Corazones Rotos: El Piano (Joseph)

Estaba siempre solo, acurrucado en aquella esquina semioculto en la penumbra, viejo, ajado, cansado...pero no roto. Era como el reflejo de un amor marchito, como un enamorado que había perdido su mitad, como una sombra que aguardaba al amante que se había fugado y lo había dejado atrás.

A Joseph aquel viejo piano le recordaba a si mismo. 



viernes, 30 de septiembre de 2011

Meetings

Our eyes met,
was it a coincidence?
just chance?
I like to think
it was destiny
playing with our threads

But who are you
that with just one look
make me dizzy?

Who are you
that my locked eyes
can't just let go?

This chance meeting,
this destiny play,
just one look
and my heart would throbbe
and if I'd look away
the spell chance cast on us
will brake,
so I don't want to look away,
I want to keep living
in the fantasy
our meeting eyes
built for me.

Our eyes met
and let go,
destiny walked away
and chance went on her own,
but my heart can't forget
that spell your eyes
cast upon me,
that second of mistery and love.

Life is not a drama

I walked away,
I left without a word,
if life was a drama
you wouldn't have let go,
if life was a film
you'd run after me
but life is not a drama,
but life is not a film,
I left and you,
you didn't look for me
and as my dreams fade
I understand again
that life is not a drama
and I am not actress,
life is not a film,
there's not a pink ending,
I run and you never came for me,
I know someday
It'll be a bittersweet memory
but now it hurts knowing
that was all our love was ment to be,
and this is a goodbye
so bitter, no sweet
'cause life is not a drama
'cause life is not a film.

jueves, 29 de septiembre de 2011

El Club de los Corazones Rotos

Si te adentras en la oscuridad del callejón, al fondo lo encontrarás. No es más que una vieja puerta de madera lacada en rojo sobre una pared de ladrillos ensombrecida por el tiempo, el humo y los sueños perdidos de una gran ciudad. No tiene ningún nombre, ni hay cartel que se meza sobre ella, pero tiene un aroma propio. Bajo el olor a tabaco, alcohol y perfume habitual de cualquier bar, aletea una fragancia tan sutil que confunde los sentidos y tan solo la reconocerá aquel que la haya olido antes. Es el olor de los corazones rotos, de las ilusiones apagadas, de las esperanzas marchitas... 

Si lo reconoces, adelante, abre la puerta y bienvenid@ al Club de los Corazones Rotos donde habitan los extraviados, los pedazos de algún amor perdido, los hombres solitarios. Algunos buscan compañía, otros ahogar sus penas, algunos tan solo dejan descansar a su alma abatida antes de emprender otra vez el viaje por la vida, unos pocos escapan de la realidad. ¿Y tú? No temas, si has llegado hasta aquí es porque este es tu lugar, el Club nunca se equivoca. Aunque no lo busques él siempre te encuentra, te envuelve y te refugia.

Yo misma llegué aquí sin pretenderlo una no tan lejana noche de invierno, con el corazón roto en una mano y la lluvia lamiendo mis lágrimas. Y entonces escuché la quejumbrosa melodía de un piano viejo que parecía  llamar a la puerta de mi corazón y olí ese reconocible aroma de la soledad, la tristeza y el despecho. 

El Club de los Corazones Rotos me daba la bienvenida.


Fuego

No me gusta el fuego
porque el fuego quema
y el amor es fuego,
no me, no me prendas

No me gusta el fuego
porque, porque quema
y tú eres fuego
no me, no me prendas

No,
no quiero más amor
que las cicatrices del corazón
ni en tiempo las curó
y las quemadura de pasión
ni el llanto apagó,
cenizas para el sol

No me gusta el fuego
porque el fuego quema
y el amor es fuego,
no me, no me prendas

No me gusta el fuego
porque, porque quema
y tú eres fuego
no me, no me prendas

No,
no quiero volver a jugar
perdí ya la última mano
así que deja intentarlo
que estoy en la bancarrota,
sin fichas y sin sonrisas,
no queda ni el amor

No me gusta el fuego
porque el fuego quema
y el amor es fuego,
no me, no me prendas

No me gusta el fuego
porque, porque quema
y tú eres fuego
no me, no me prendas

No,
no intentes grabarte en mí
que el nombre que otro tatuó
aún perdura en mi corazón
y ni un nuevo fuego podrá borrarlo.

No,
no me mires así,
con esos ojos prendidos
que yo todos los sueños
los apagué en el cenicero del olvido

No me gusta el fuego
porque el fuego quema
y el amor es fuego,
no me, no me prendas

No me gusta el fuego
porque, porque quema
y tú eres fuego
no me, no me prendas

No me gusta el fuego
porque el fuego quema
y tu amor es fuego
no me, no me prendas

No quiero tu amor
porque es fuego y quema,
apaga tu pasión,
no me incineres en ella


martes, 27 de septiembre de 2011

El Fruto Prohibido

-¿Por qué?-preguntó el primer hombre alzando sus ojos suplicantes- ¿Por qué si Dios me hizo a su imagen y semejanza...? ¿Por qué si he seguido cada uno de sus designios...? ¿Por qué ahora me abandona?

El Arcángel lo miró impasible y respondió:

-Porque has mordido el fruto prohibido. Osaste amar a la hija de Dios.



lunes, 26 de septiembre de 2011

Love Melody

I was playing with the threads of destiny
and composed this love melody,
the only thing I want to do now
is sing it,
sign it
for you!

sábado, 24 de septiembre de 2011

La silueta de un amor imposible

Me enamoré de un hombre cuyos ojos solo miraban a otra mujer, la sombra de un amor que ya no pertenecía a este mundo. Tal vez por ello, por aquella mirada embrujada por el dolor y el vacío de la pérdida, aquel amor incondicional que desafiaba a la misma muerte, fue por lo que quedé cautivada. Más que del hombre, de la pasión que profesaba, de la profunda herida de su alma, del deseo secreto de ser amada con tal intensidad y devoción.

Recuerdo su figura solitaria paseando junto al río cada noche. Recuerdo su espalda recortándose contra el horizonte. Parecía tan abatida y triste cuando los últimos rayos del sol se ponían sobre ella... que mis brazos inconscientemente salían a buscarle. Y a pesar de que nunca me miraba le daba consuelo con mi cuerpo, a pesar de que sus ojos buscaban en mí a una mujer muerta, a pesar de que sus labios nunca pronunciaban mi nombre... porque en secreto anhelaba ser amada como tan solo él sabía amar, soñaba con un amor perenne.

Sabía que antes o después me rompería, víctima de mi propia codicia, pero no podía dejar de seguirlo con la mirada y cuando cerraba los ojos aún lo veía, como si su solitaria silueta se hubiera grabado a fuego en mi retina. Y poco a poco lo iba conociendo, el ritmo de sus pasos y la ternura de sus caricias, cada pequeño detalle de cada una de sus manías y cuanto más lo conocía más lo amaba y cuanto más lo amaba más deseaba que aquella mirada vacía, pérdida en un infinito que yo nunca podría alcanzar, se volviera a mirarme, aunque fuera por solo un instante, que solo fuera mía. Y cuanto más anhelaba más moría. 

Mirando atrás supongo que realmente lo quería, a aquel hombre que me daba la espalda cada atardecer en busca de una mujer que nunca volvería.



jueves, 22 de septiembre de 2011

Dreamer

That room where we used to love
still stays,
that bed which we used to mess
keeps fresh
those memories of us,
lovers hand in hand.

All the dreams we made,
promises never kept,
as time flows by
I keep asking myself
were you ever there?
were you just a dream
that my loveless heart
made up?

Will you keep me warm
as winter nights walk pass
and summer never comes back,
as love never falls appart,
only in my heart
as dreamer I am
living in the past
between sweet memories of us,
as a dreamer I am.

martes, 20 de septiembre de 2011

A medias

Y me confundes con medias verdades
y me engatusas con medias mentiras,
si no me quieres sé sincero
y dímelo ya, vida mía.

¡Basta de este juego!
de ahora puedo,
ahora no puedo,
basta de andar siempre a medias,
alimentando al corazón con migas de verdad,
y si no me quieres dímelo,
por una vez haz algo pleno,
basta de medias naranjas,
dame un zumo entero,
dime "no te quiero"
....
dime "no te quiero."

jueves, 15 de septiembre de 2011

El primer encuentro

-Si me das la mano no te dejaré caer-me dijo el demonio mirándome fijamente con aquellos ojos rojos desbordantes de confianza y extendiendo su mano hacia mí.

Y yo al borde del precipicio, a punto de despeñarme a mi propia muerte, acepté aquella mano que me tendía.

El demonio sonrió y así fue como empezó todo.



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Dark Knight

On the realm
of endless nights
a lonely knight
walks on his path,
destiny played
hard with his cards
and made him loss
all that he was,
now he just walks,
liveless and hurt,
loveless and lonely
in search of his heart
that once flead
and never came back.

Will some day
light shine
on his dayless realm?

Princesa cautiva

Prisionera de mi misma,
princesa cautiva
entre los muros
de mi decadencia,
en el palacio de mi vida,
rodeada por un foso
de aguas desconocidas,
presa de la soledad
que me silencia,
de la inseguridad
que me aprieta,
encadenada al peso
de mi propia conciencia

Hace tiempo que no espero
príncipe que despierte mi verdadera esencia.

Ruidosa soledad

En esta ruidosa soledad
rodeada de desconocidos
y sin poder hablar,
la nostalgia crece en el corazón,
me estrangula
y no me deja marchar.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Nunca sabrás cuál de mis palabras fue una mentira y te acabarás por preguntar si alguna fue verdad.


viernes, 9 de septiembre de 2011

Petals path

That old promise
slowly fades away
just like a dream,
you are letting go
of that hand
you should hold

When you say goodbye
I'll just fake a smile,
you won't see me cry
as you walk forward
never look back,
you can't see
my silent tears
kissing the lips
you once owned.

As you walk away
I'll scatter petals on your path,
each a memory of us
that will never fade,
so you will remenber
even as love dies,
withers within your heart,
that once a flower blossoned
on your lonely realm

When time comes
you'll say goodbye
and I'll see you off
with a smile,
you'll never see
my falling tears
'cause my eyes
are already dry,
tired from useless cries.

As you walk away
I'll scatter petals on your path,
each a tear I shed for both us,
but this poem shall be the last flower
I grow on your heart,
a silent requiem for a lost love
that once was.

Interludio I: Recuerdos que se mecen

Pasea despacio por el Jardín de Rosas, sin prisas, dejando que el tiempo fluya sin expectativas, como solo saben hacer aquellos que tienen la eternidad por delante. Inconscientemente sus pasos le guían a lo más profundo, de regreso al balancín de sus recuerdos. Oculto entre frondosos rosales y espinos aún se alza aquel viejo roble, por su tronco aún trepan los jazmines y de su rama aún cuelga un columpio de gruesas enredaderas y ramilletes de florecillas blancas. Pero ahora está vacío, siempre solo y cansado, tan solo juegan en él el inmenso peso de los recuerdos pasados. 

Alza la vista y durante un instante su mente le juega una mala pasada y se imagina a una niña vestida de blanco, dibuja sus tirabuzones al viento y el suave balanceo de sus piernitas pálidas. Después se esfuma, se disuelve en la realidad y el visitante regresa a contemplar atormentado un columpio que tan solo se mece en su memoria

El Jardín de Rosas y todos sus secretos persisten testarudos al paso del tiempo, aun si la Niña de Blanco ya no pasea por ellos, aun si el traidor regresa cautivo de sus recuerdos. Aquel jardín reclama siempre un nuevo prisionero.


Secretos en lo profundo

Recordaba vagamente que entre la fuerte fragancia de las rosas se filtraba fugitivo un suave aroma a jazmín, tan leve e insignificante que tan solo sus agudos sentidos inmortales hubieran podido captarlo. Por alguna razón desconocida aquella ínfima fragancia le resultó intoxicante. La primera vez que la había seguido fue cuando encontró el secreto del jardín. En lo más profundo de un laberinto bordeado por frondosos rosales y espinos se alzaba un roble que parecía tan viejo como la señora de su jardín. Los jazmines crecían en torno a su tronco, lo abrazaban y amenazaban con ahogarlo con una cascada de fragantes florecillas blancas. Y de él colgaba un viejo columpio construido con gruesas enredaderas y adornado con ramilletes de jazmines. Y en él se balanceaba la Niña de Blanco siempre descalza, con sus bucles dorados al viento y el vuelo vaporoso de su vestido claro. Vista así parecía la más inocente de las criaturas, limpia como las primeras nieves de invierno, pura como los ángeles que nunca descienden del cielo... Una visión ilusoria. 

La Niña de Blanco bajó la vista y sus miradas se encontraron y se entrelazaron como viejas compañeras. Lo que vio en aquellos ojos cristalinos fue una oleada de emociones que no creía capaz existieran en aquella pequeña de cáscara cruel. Aquellos ojos celestes lo miraron cautivos de la soledad, torturados por la tristeza, embrujados por el lamento...

Todo hubiera sido mucho más fácil si nunca hubiera visto aquellos ojos cargados de tormento.



jueves, 8 de septiembre de 2011

Locked words

I was trying so hard
I couldn't breath,
when you came my way
I would just freeze,
I wish you had
seen through me,
but you never looked,
never got it

I close my eyes,
go back in time
when your smiles
made me warm,
you never knew,
I never told
we were both
just kids secretly in love

I wish all those words
which were never born
will find their home

I wish I could go back
and say just once
what I locked in my heart

I wonder how would it sound
saying "I love you"

I tried to tune
I thought I knew your song
but when I sang
I missed my part
and from that on
everything went wrong

You wanted more,
I was too slow,
I didn't know
how to say love,
you never knew,
I never told,
we were both
just kids secretly in love


I wish all those words
which were never born
will find their home

I wish I could go back
and say just once
what I locked in my heart

I wonder how would it sound
saying "I love you"



Cautivo de la Rosa

La Niña de Blanco le susurró con una voz tan dulce como la miel palabras tan afiladas como puñaladas y rió al ver su rostro atormentado por la culpa. El cuerpo de su última víctima yacía roto sobre el césped, pálido, frío, vacío... carente de vida. Cuando bajó el rostro vio sus propias manos manchadas de sangre, sus ropas salpicadas de carmesí... y se asqueó de si mismo cuando voraz se llevó los dedos a los labios y lamió con avidez. Sintió horror y nauseas y su cabeza comenzó a dar vueltas enloquecida por el tintineante sonido de una risa conocida. 

Con un rugido se arrancó la camisa y la arrojó sobre el cuerpo, para que cubriera aquel rostro inexpresivo que desde el suelo lo acusaba de su muerte. La Niña de Blanco volvió a susurrar palabras crueles y él se dejó caer de rodillas y se cubrió los oídos con las manos como un loco. Pero en vano, las palabras que escapaban de aquellos dulces labios se clavaban en su mente y profundizaban en su conciencia.

Había intentado recordar sus rostros y sus vidas, atesorar los recuerdos fugaces de sus víctimas, pero ya hacía tiempo que había perdido la cuenta y los rostros comenzaban a difuminarse en su memoria, los ojos a confundirse con otros ojos. ¿Cuánto tiempo había pasado en aquel maldito Jardín de Rosas? ¿Días? ¿Meses? ¿Tal vez años? Era imposible saberlo en aquel jardín donde las rosas florecían todo el año y con aquella niña de mirada adulta que jamás envejecía. Y ahora tampoco él. ¿Cuál era su nombre? ¿Cómo había sido su vida? ¿Por qué había llegado a aquel lugar sin tiempo? No lo recordaba. Hacía tiempo ya que era otro eterno prisionero del jardín y sus rosas.



5- Cita con El Destino

La oscuridad era negra, fría e indolora. Sobretodo indolora, carente de emociones ni sensaciones, flotando en ella se sentía liviana.

Estaba sola en medio de una habitación sumida en la penumbra. El suelo, el techo e incluso las paredes eran todas negras y en aquella cueva no había luz. En cierto momento se dio cuenta de que no se encontraba en un cuarto de paredes, techo y suelo negro, sino que no había ni techo, ni suelo, ni paredes y flotaba en la nada, en un espacio sin luz y sin sombra, sin frío ni calor... incapaz de escapar. No veía, no oía, no sentía... todo lo que había era aquella insondable oscuridad como si hubiera perdido cada uno de sus sentidos y como si nunca los fuera a recuperar. Se abrazó las rodillas en posición fetal y se dejo girar y girar en aquella nada sin sentidos. Y de pronto lo comprendió: Estaba muerta y más allá no había nada, absolutamente nada más que ella misma y poco a poco se desvanecería su propia consciencia hasta olvidarse de si misma y de que alguna vez existió.

Rose despertó de golpe en la cama, aterrorizada y cubierta de sudor frío. El corazón le latía a mil por hora, tanto que parecía estar a punto de escapársele por la garganta. Y en un abrir y cerrar de ojos un rostro hermoso e inmortal se inclinaba sobre ella, el cabello negro despeinado y las facciones afiladas suavizadas por la preocupación.

-¿Estás bien?-preguntó Marcus en un susurro quedo, su voz quebrada por el miedo.

De sus padres adoptivos siempre había sido el más sobreprotector. Y es que si para cualquier vampiro la existencia humana era breve y frágil como el cristal, para Marcus ella era como una muñeca de porcelana, siempre a punto de quebrarse y siempre estaba atento al más leve cambio en el ritmo de su respiración, en los latidos de su corazón, en el tono de su voz... Desde que tenía memoria cada vez que despertaba asustada tras un mal sueño, el vampiro estaba sobre ella, con aquel bello y severo rostro compungido, teñido de un temor sin nombre arraigado en lo más profundo de su propia existencia.

-Estoy bien-murmuró Rose improvisando una sonrisa- Solo era una pesadilla.

Marcus la observó con los ojos entrecerrados nublados por la sospecha, pero Rose tenía 18 años de experiencia en tratar con el vampiro y le sostuvo la mirada sin pestañear hasta que con un suspiro se dio por vencido. Asintió, se puso en pie y tras posar un beso en su frente tan leve como el aleteo de una mariposa salió por la puerta. Rose lo siguió con la mirada hasta que se desvaneció en la penumbra del corredor. Un instante después Cecil asomó la cabeza, su rostro pálido y fantasmal parecía envuelto por un resplandor místico casi como una aureola.

"Te dije que tendrías pesadillas, pequeña rosa"-leyó que le decían sus labios sin voz.

Rose puso los ojos en blanco y con una sonrisa llena de picardía el inmortal se esfumó.

Lentamente la muchacha recorrió su dormitorio con la mirada, esperando encontrar consuelo en las viejas cosas conocidas como las estanterías repletas de libros o la bola de ropa del día anterior sobre una butaca, pero sus ojos resbalaron sobre un rostro desconocido que la observaba en silencio amparado en las sombras que dibujaba la noche en su alcoba. Su corazón dio un vuelco y durante un angustioso segundo temió que Marcus corriera de nuevo a su lado, porque ni siquiera el poderoso inmortal podría hacer nada contra aquella silenciosa presencia. Ni siquiera sería capaz de verlo como ella lo veía, sentado cómodamente en su antigua silla de mimbre en una esquina sin luz, impecable en su traje negro y cubriendo su incipiente calvicie con un anticuado bombín. Su rostro pálido e impasible fijo en ella, sus ojos calculadores midiéndola...

Rose cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Cuando volvió a abrirlos el hombre había desaparecido y en la esquina  se mecía sola la vieja silla de mimbre. Sintió miedo. Un miedo irracional. La acababa de visitar El Destino y todos sabían que una visita de El Destino nunca auguraba nada bueno. 

Un hada muerta le había echado los dados y la rueda del destino había empezado a girar.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Adiós

Tus labios me dicen adiós,
tus ojos me suplican
que no me vaya,
doy un paso al frente
y me alejo un poco más,
mi corazón se quiebra
y aunque juré no mirar atrás
mis ojos te siguen
tras el cristal
y te veo solitaria
de pie en la estación,
tus hombros caídos
me dicen adiós
y las lágrimas que
en tus ojos coagularon
forman esferas de vidrio
donde el tiempo se detiene
y quisiera poder perderme
en ellos por siempre,
como un insecto
cautivo de la resina,
quiero ser su prisionero,
pero se alarga la carretera
y se acortan los recuerdos
y desde la distancia
se desvanece tu silueta,
se desvanece la estación,
se desvanece la ciudad
y yo me vuelvo un fugitivo,
huyendo de mi propia tempestad,
y me pregunto si cuando regrese
tú allí aún estarás,
con tus ojos suplicantes,
tus esferas de cristal.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Se llamaba Sara

La última vez que la vio salía de un café con paso ligero. Era una tarde fría de invierno y vestía un largo abrigo de color blanco sobre unos vaqueros ajustados y las botas altas de cuero negro que le había regalado por su cumpleaños. Cuando abrió la puerta el frío viento invernal la golpeó de lleno e hizo flotar juguetón su largo cabello dorado. Entonces giró la cabeza un instante y sonrió. Le sonrió. Jamás olvidaría sus mejillas suavemente arreboladas por el frío, ni el brillo chispeante de sus ojos azules. Después dio un paso al frente y la puerta se cerró tras ella devolviéndolo al maremoto de ruidos y olores propios de un bar. Lo último que vio de ella fue el vuelo de su bufanda rosa pasar junto a la ventana.

Aquella fue la última vez que vio a Sara. Si es que aquel era su verdadero nombre.



sábado, 3 de septiembre de 2011

Decir que no

Quisiera decir que no,
que no te quiero
pero eso de mentir
no está en mi fuero,
por eso confieso
que aún te quiero
pero en mi corazón
no entra otro remiendo
por eso me esfumo
como un buen recuerdo,
meto en las maletas
nuestros momentos
y luego me pierdo.

En la guerra del amor
soy ya todo un guerrero
pero nadie me dará
una medalla al honor
por romperme el corazón.

Tu disparo fue certero,
te clavaste en mi interior
siempre fuiste el mejor
francotirador,
me pusiste en la mira
y me atravesaste el corazón
y ahora la sangre coagula
pero no cicatriza la lesión
y me desangro por amor.

Tu lengua siempre fue afilada
esgrimías te quieros como espadas,
nunca he sido tan buena en la batalla,
pero he aprendido del mejor
después de todo tú me has enseñado
a pelear en la guerra del amor.

Ahora me pinto la cara
y me visto de misión,
ésta será nuestra última cena,
la última batalla
y las normas
las dicto yo.

Quisiera decir que estoy anestesiada
contra toda forma de dolor,
que soy inmune a tus espadas,
a las palabras disfrazadas de amor,
pero mentir no es lo mío
y lo sabemos los dos,
por eso...


por eso confieso
que aún te quiero
pero en mi corazón
no entra otro remiendo
por eso me esfumo
como un buen recuerdo,
meto en las maletas
nuestros momentos
y luego me pierdo.



Quisiera alzar el vuelo,
volver a empezar desde cero
y ahora ya no tengo miedo
de extender las alas
y volar lejos
de este frente de tormenta
donde la guerra es eterna.

Esto es una despedida,
adiós,
recojo mis armas
y  me voy.



viernes, 2 de septiembre de 2011

Tóxico de Sangre

La primera vez que probó el dulce néctar de la sangre fue el día en que perdió el último rastro de humanidad que le quedaba.

La Niña de Blanco le guió por el jardín con sus juegos de palabras y secretos, bailando entre sus rosas y ocultándose tras sus espinas, riendo con voz cristalina e inocente y unos ojos crueles y antiguos cautivos de estremecedoras historias.

Le señaló la muchacha con un dedito pequeño, pálido y frágil y le sonrió con la dulzura propia del más mortal de los venenos. Pudo ver la muerte grabada en su mirada.

La muchacha alzó los ojos hacia ellos y sonrió con la ignorancia propia de la juventud. No era más que una chiquilla cautivada por la belleza de aquel jardín de rosas perennes, pero al haber puesto el pie en él había firmado su sentencia, al haberse embriagado con su perfume intoxicante y haberse perdido entre las caricias de los suaves pétalos de colores.

Se acercó a él sonriendo con inocencia, atraída irremediablemente hacia la belleza inmortal como un insecto a la luz que iluminará su funeral. Intentó apartarse, escapar de aquella criatura rebosante de vida y juventud, de su tersa piel color nieve y el fragante aroma de la sangre que corría por sus venas, que palpitaba en sus arterias, que intoxicaba sus sentidos. Pero la Niña de Blanco giraba en torno a ellos, sonriente y aterradora en su hermosura sin edad. Y con cada giro sus diminutos labios rosados pronunciaban una frase prohibida y con cada palabra la muchacha entraba en trance y se acercaba insinuante y sus ojos se nublaban con un presagio espectral.

De pronto estuvo entre sus brazos, joven y viva, un corazón palpitante aleteando en su pecho. Intentó zafarse, pero los ojos fríos de la Niña de Blanco lo detuvieron.

"Bebe"-le dijo, un susurro quedo y aterciopelado en su cabeza. Sugerente e irresistible.

Y la muchacha le ofreció su cuello, largo, delgado y pálido como un lirio. Tan fácil de quebrar...

"Bebe"-repitió el susurro al borde de su conciencia.

Y la muchacha se apretó contra él, sus ojos vidriosos, y se inclinó desvelando sugerente el comienzo de sus pechos.

"Bebe"

Y bebió.

Perdió la rienda de sus sentidos que se desbordaron como una cascada de loca sed roja sobre ella. Abrió la boca y sus colmillos se extendieron. Ladeó la cabeza y besó con suavidad el comienzo de su cuello. Saboreó el aroma a rosas salvajes que desprendía su piel. Enredó los dedos en su cabello y la obligó a ladear la cabeza. La locura extendiéndose roja por su cabeza, arrasando los últimos vestigios de conciencia en una marea que lo ahogaba con su perfume a sangre.

Y sus colmillos rasgaron inseguros la piel de la garganta y de golpe los ojos cristalinos de la muchacha regresaron a la realidad y se desenfocaron por un terror sin nombre. Pero la primera gota de sangre ya había rodado entre sus labios y el frenesí se apoderó de él, despojándolo de lo que pudiera haberle quedado de humanidad. Sus caninos se clavaron en su suave cuello y la primera bocanada de líquido carmesí embriagó su cordura. Dulce, intoxicante, venenoso... Un deseo irrefrenable nubló sus juicio y bebió con avidez, excitándose con el beso de la muerte.

Los ojos de la muchacha se perdieron en el infinito y su cuerpo languideció entre sus brazos. Sus labios se entreabrieron y un suspiró que sonó como un jadeo placentero escapó extinguido.

Y en su locura roja, drogado por el tóxico carmesí y rememorando los días de una vida que se extinguía;  recordaría escuchar aquella risa histérica y cristalina como un macabro concierto de cascabeles.

La Niña de Blanco reía.




jueves, 1 de septiembre de 2011

4- Cecil

-Llegas tarde- fue lo primero que le dijo Cecil cuando Rose entró al salón.

Se había repanchingado en su sillón favorito, aquel de cuero negro que siempre olía a violetas, y apoyaba  sus largas piernas sobre la mesita de café con desenfado. Vestía unos ajustados vaqueros deslavados y una camisa azul pálido desabotonada hasta la altura del pecho, dejando entrever una piel blanca, tersa y lampiña en un torso perfectamente plano. El cabello rubio y lacio le caía casi hasta la altura de la nuca, enmarcando un rostro ovalado, de facciones suaves casi femeninas, en que destacaban unos jugosos labios en forma de corazón y unos redondos y relucientes ojos azules. 

Aunque había visto a diario aquel rostro en sus dieciocho años de vida, Rose aún se sentía falta de aliento cada vez que se hallaba cara a cara frente a aquella belleza inhumana, alta y esbelta. En comparación ella con su mediana estatura y su cuerpo que aunque delgado estaba lleno de curvas obscenas, se sentía torpe y pesada. Incluso tan orgullosa como estaba de su corto cabello castaño y sus grandes ojos de chocolate, a veces envidiaba el dorado de Cecil en contraste con su mirada celeste.

-He presenciado algo increíble-declaró la joven dejándose caer sobre el sofá frente al hombre, este también de cuero negro pero sin olor a violetas.

Cecil la miró inexpresivo y aguardó a que hablara, después de todo para un vampiro con siglos a sus espaldas pocas cosas le parecían ya increíbles. Rose era una de las pocas que de vez en cuando aún lograba sorprenderlo. Todo un mérito sobretodo tratándose de una humana mortal. Pero todos sabían que Rose era diferente, demasiado diferente.

-He seguido a la Muerte-confesó Rose en un susurro quedo.

Aquello captó de inmediato la atención de Cecil que se apresuró a bajar las piernas al suelo e inclinarse hacia ella, sus ojos desorbitados por la curiosidad y el ceño dorado fruncido por la preocupación.

-He presenciado el paso de un alma al otro lado- continuó la muchacha en voz apenas audible antes de que pudiera reprocharle su inconsciencia.

-¿No te tenemos dicho que no juegues con la muerte?-protestó el inmortal frunciendo los labios con desaprobación- No es algo que los vivos deberían ver. La última vez tuviste pesadillas por una semana.

-La última vez tenía 12 años-espetó Rose cruzándose de brazos- Y además esta vez realmente merecía la pena...-hizo una pausa dramática en la que Cecil se acercó aún más hacia ella- El alma era feérica. ¡He estado presente en la muerte de un hada?

-¿Un hada?-los ojos del vampiro se abrieron de par en par- Nunca he visto un hada muerta, ya de por si vivas son tan difíciles de encontrar. ¿Y estaba en la ciudad, dices? Eso sí que es extraño. Los feericos son criaturas de la naturaleza.

-Vivía en un viejo apartamento del centro- Rose se abstuvo a propósito de entrar en detalles sobre el nombre o el estado de la calle- Me parece... creo que se dejó morir. Parecía cansada y marchita.

-¿Viste sus alas?-inquirió Cecil curioso.

-Se habían marchitado y caído como las hojas en otoño.

-Es una lástima, pero dicen que el polvo de ala de hada es en verdad milagroso. ¿Cogiste un poco?

Rose negó con la cabeza.

-No tuve tiempo.

-¿No tuviste tiempo? ¿Qué puede ser más interesante e importante que ...? -Cecil se detuvo a media frase, hizo una mueca de disgusto y sus ojos azules se empequeñecieron amenazantes.- Donde hay un rastro sobrenatural llegan Los Limpiadores a borrarlo. -se giró hacia Rose con preocupación y reproche- Eso fue muy temerario, pequeña rosa. Aunque conozcas nuestro mundo y veas lo que otros no ven, ni siquiera yo, no eres inmortal. Jugar con lo prohibido puede ser muy peligroso y no siempre estamos para protegerte.

-Pero pude huir. Aunque tuve que saltar de un quinto piso y se me rompieron huesos que no sabía ni que tenía...- se percató de que Cecil la contemplaba horrorizado- Quería darte las gracias por haberme dado a beber de tu sangre la última vez. Me ha salvado la vida. 

El inmortal bufó.

-Sabía que sería útil aunque los otros se opongan a ellos. Te gusta demasiado el peligro para tu propio bien.

-Pero... ¿Acaso no ha merecido la pena? ¡Piénsalo! ¡Un hada! ¡Una auténtica hada!

Cecil puso los ojos en blanco y suspiró pero una sonrisa divertida bailaba en sus labios. Después de todo él era el más permisivo de sus guardianes, su amigo y confidente.

-Está bien.- susurró tan bajo que Rose tuvo que acercarse aún más para oírlo- Pero será mejor que Marcus no se entere o se podría caer la casa abajo y nuestra amada libertad llegaría a su fin. Así que-le guiñó un ojo cómplice- éste será nuestro secreto.

-¿Qué estáis cuchicheando vosotros dos tan pegaditos?

La voz a sus espaldas los sobresaltó y ambos se giraron al unisono. Apoyado contra el marco de la puerta Marcus los observaba con sus implacables ojos oscuros, majestuoso en su traje negro hecho a medida. Alto y delgado, tenía un porte estricto pero endiabladamente elegante. El negro de sus ropas, sus ojos y su corto y  repeinado cabello contrastaba con la palidez de su piel y acentuaba la ferocidad de un rostro de rasgos afilados y perfectos siempre serios y tenaces, poco acostumbrados a sonreír.

-¿Qué estáis tramando?-repitió despacio pasando la vista de un otro con ojos entrecerrados por la sospecha.

-¡Nada!- respondieron Rose y Cecil a una. Se miraron el uno al otro culpables.

-Nada- Marcus frunció el ceño- Me cuesta creerlo cuando los dos os apresuráis a contestar tan pronta y enérgicamente. 

Con una última mirada se apartó de la puerta y siguió su camino.

Cecil y Rose compartieron una mirada cómplice y una sonrisa de alivio. Sabían que no le habían engañado pero por ahora habían sorteado el peligro.


Víctima de la Rosa

El Jardín de Rosas era tan hermoso y traicionero como su señora, después de todo él lo sabía mejor que nadie. Dulce como el vino, intoxicante y venenoso; no era más que un muchacho inocente e ignorante cuando había puesto por primera vez el pie en aquel jardín maldito y se había perdido para siempre en sus aromas sugerentes. La Reina del Jardín le había recibido mimosa como los suaves pétalos de sus rosas, pero al igual que en sus flores sus espinas eran afiladas y traicioneras. El beso dulce e intoxicante se había transformado en un mordisco y no fue hasta que sintió los fríos colmillos rasgar su piel como veneno que comprendió que estaba perdido. No había salida del Jardín de Rosas, todo lo atrapaba en su inmortal belleza.

La sangre tiñó la palidez de una piel blanca, joven y tersa; y las rosas bebieron sedientas y se vistieron de carmesí para festejar su llegada.

-Ahora habrás de jugar conmigo la eternidad- le había dicho la Niña de Blanco con una sonrisa inocente y ojos de invierno.

Sus labios vestidos con el rojo de la sangre.