Buscar

jueves, 8 de septiembre de 2011

Locked words

I was trying so hard
I couldn't breath,
when you came my way
I would just freeze,
I wish you had
seen through me,
but you never looked,
never got it

I close my eyes,
go back in time
when your smiles
made me warm,
you never knew,
I never told
we were both
just kids secretly in love

I wish all those words
which were never born
will find their home

I wish I could go back
and say just once
what I locked in my heart

I wonder how would it sound
saying "I love you"

I tried to tune
I thought I knew your song
but when I sang
I missed my part
and from that on
everything went wrong

You wanted more,
I was too slow,
I didn't know
how to say love,
you never knew,
I never told,
we were both
just kids secretly in love


I wish all those words
which were never born
will find their home

I wish I could go back
and say just once
what I locked in my heart

I wonder how would it sound
saying "I love you"



Cautivo de la Rosa

La Niña de Blanco le susurró con una voz tan dulce como la miel palabras tan afiladas como puñaladas y rió al ver su rostro atormentado por la culpa. El cuerpo de su última víctima yacía roto sobre el césped, pálido, frío, vacío... carente de vida. Cuando bajó el rostro vio sus propias manos manchadas de sangre, sus ropas salpicadas de carmesí... y se asqueó de si mismo cuando voraz se llevó los dedos a los labios y lamió con avidez. Sintió horror y nauseas y su cabeza comenzó a dar vueltas enloquecida por el tintineante sonido de una risa conocida. 

Con un rugido se arrancó la camisa y la arrojó sobre el cuerpo, para que cubriera aquel rostro inexpresivo que desde el suelo lo acusaba de su muerte. La Niña de Blanco volvió a susurrar palabras crueles y él se dejó caer de rodillas y se cubrió los oídos con las manos como un loco. Pero en vano, las palabras que escapaban de aquellos dulces labios se clavaban en su mente y profundizaban en su conciencia.

Había intentado recordar sus rostros y sus vidas, atesorar los recuerdos fugaces de sus víctimas, pero ya hacía tiempo que había perdido la cuenta y los rostros comenzaban a difuminarse en su memoria, los ojos a confundirse con otros ojos. ¿Cuánto tiempo había pasado en aquel maldito Jardín de Rosas? ¿Días? ¿Meses? ¿Tal vez años? Era imposible saberlo en aquel jardín donde las rosas florecían todo el año y con aquella niña de mirada adulta que jamás envejecía. Y ahora tampoco él. ¿Cuál era su nombre? ¿Cómo había sido su vida? ¿Por qué había llegado a aquel lugar sin tiempo? No lo recordaba. Hacía tiempo ya que era otro eterno prisionero del jardín y sus rosas.



5- Cita con El Destino

La oscuridad era negra, fría e indolora. Sobretodo indolora, carente de emociones ni sensaciones, flotando en ella se sentía liviana.

Estaba sola en medio de una habitación sumida en la penumbra. El suelo, el techo e incluso las paredes eran todas negras y en aquella cueva no había luz. En cierto momento se dio cuenta de que no se encontraba en un cuarto de paredes, techo y suelo negro, sino que no había ni techo, ni suelo, ni paredes y flotaba en la nada, en un espacio sin luz y sin sombra, sin frío ni calor... incapaz de escapar. No veía, no oía, no sentía... todo lo que había era aquella insondable oscuridad como si hubiera perdido cada uno de sus sentidos y como si nunca los fuera a recuperar. Se abrazó las rodillas en posición fetal y se dejo girar y girar en aquella nada sin sentidos. Y de pronto lo comprendió: Estaba muerta y más allá no había nada, absolutamente nada más que ella misma y poco a poco se desvanecería su propia consciencia hasta olvidarse de si misma y de que alguna vez existió.

Rose despertó de golpe en la cama, aterrorizada y cubierta de sudor frío. El corazón le latía a mil por hora, tanto que parecía estar a punto de escapársele por la garganta. Y en un abrir y cerrar de ojos un rostro hermoso e inmortal se inclinaba sobre ella, el cabello negro despeinado y las facciones afiladas suavizadas por la preocupación.

-¿Estás bien?-preguntó Marcus en un susurro quedo, su voz quebrada por el miedo.

De sus padres adoptivos siempre había sido el más sobreprotector. Y es que si para cualquier vampiro la existencia humana era breve y frágil como el cristal, para Marcus ella era como una muñeca de porcelana, siempre a punto de quebrarse y siempre estaba atento al más leve cambio en el ritmo de su respiración, en los latidos de su corazón, en el tono de su voz... Desde que tenía memoria cada vez que despertaba asustada tras un mal sueño, el vampiro estaba sobre ella, con aquel bello y severo rostro compungido, teñido de un temor sin nombre arraigado en lo más profundo de su propia existencia.

-Estoy bien-murmuró Rose improvisando una sonrisa- Solo era una pesadilla.

Marcus la observó con los ojos entrecerrados nublados por la sospecha, pero Rose tenía 18 años de experiencia en tratar con el vampiro y le sostuvo la mirada sin pestañear hasta que con un suspiro se dio por vencido. Asintió, se puso en pie y tras posar un beso en su frente tan leve como el aleteo de una mariposa salió por la puerta. Rose lo siguió con la mirada hasta que se desvaneció en la penumbra del corredor. Un instante después Cecil asomó la cabeza, su rostro pálido y fantasmal parecía envuelto por un resplandor místico casi como una aureola.

"Te dije que tendrías pesadillas, pequeña rosa"-leyó que le decían sus labios sin voz.

Rose puso los ojos en blanco y con una sonrisa llena de picardía el inmortal se esfumó.

Lentamente la muchacha recorrió su dormitorio con la mirada, esperando encontrar consuelo en las viejas cosas conocidas como las estanterías repletas de libros o la bola de ropa del día anterior sobre una butaca, pero sus ojos resbalaron sobre un rostro desconocido que la observaba en silencio amparado en las sombras que dibujaba la noche en su alcoba. Su corazón dio un vuelco y durante un angustioso segundo temió que Marcus corriera de nuevo a su lado, porque ni siquiera el poderoso inmortal podría hacer nada contra aquella silenciosa presencia. Ni siquiera sería capaz de verlo como ella lo veía, sentado cómodamente en su antigua silla de mimbre en una esquina sin luz, impecable en su traje negro y cubriendo su incipiente calvicie con un anticuado bombín. Su rostro pálido e impasible fijo en ella, sus ojos calculadores midiéndola...

Rose cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Cuando volvió a abrirlos el hombre había desaparecido y en la esquina  se mecía sola la vieja silla de mimbre. Sintió miedo. Un miedo irracional. La acababa de visitar El Destino y todos sabían que una visita de El Destino nunca auguraba nada bueno. 

Un hada muerta le había echado los dados y la rueda del destino había empezado a girar.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Adiós

Tus labios me dicen adiós,
tus ojos me suplican
que no me vaya,
doy un paso al frente
y me alejo un poco más,
mi corazón se quiebra
y aunque juré no mirar atrás
mis ojos te siguen
tras el cristal
y te veo solitaria
de pie en la estación,
tus hombros caídos
me dicen adiós
y las lágrimas que
en tus ojos coagularon
forman esferas de vidrio
donde el tiempo se detiene
y quisiera poder perderme
en ellos por siempre,
como un insecto
cautivo de la resina,
quiero ser su prisionero,
pero se alarga la carretera
y se acortan los recuerdos
y desde la distancia
se desvanece tu silueta,
se desvanece la estación,
se desvanece la ciudad
y yo me vuelvo un fugitivo,
huyendo de mi propia tempestad,
y me pregunto si cuando regrese
tú allí aún estarás,
con tus ojos suplicantes,
tus esferas de cristal.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Se llamaba Sara

La última vez que la vio salía de un café con paso ligero. Era una tarde fría de invierno y vestía un largo abrigo de color blanco sobre unos vaqueros ajustados y las botas altas de cuero negro que le había regalado por su cumpleaños. Cuando abrió la puerta el frío viento invernal la golpeó de lleno e hizo flotar juguetón su largo cabello dorado. Entonces giró la cabeza un instante y sonrió. Le sonrió. Jamás olvidaría sus mejillas suavemente arreboladas por el frío, ni el brillo chispeante de sus ojos azules. Después dio un paso al frente y la puerta se cerró tras ella devolviéndolo al maremoto de ruidos y olores propios de un bar. Lo último que vio de ella fue el vuelo de su bufanda rosa pasar junto a la ventana.

Aquella fue la última vez que vio a Sara. Si es que aquel era su verdadero nombre.



sábado, 3 de septiembre de 2011

Decir que no

Quisiera decir que no,
que no te quiero
pero eso de mentir
no está en mi fuero,
por eso confieso
que aún te quiero
pero en mi corazón
no entra otro remiendo
por eso me esfumo
como un buen recuerdo,
meto en las maletas
nuestros momentos
y luego me pierdo.

En la guerra del amor
soy ya todo un guerrero
pero nadie me dará
una medalla al honor
por romperme el corazón.

Tu disparo fue certero,
te clavaste en mi interior
siempre fuiste el mejor
francotirador,
me pusiste en la mira
y me atravesaste el corazón
y ahora la sangre coagula
pero no cicatriza la lesión
y me desangro por amor.

Tu lengua siempre fue afilada
esgrimías te quieros como espadas,
nunca he sido tan buena en la batalla,
pero he aprendido del mejor
después de todo tú me has enseñado
a pelear en la guerra del amor.

Ahora me pinto la cara
y me visto de misión,
ésta será nuestra última cena,
la última batalla
y las normas
las dicto yo.

Quisiera decir que estoy anestesiada
contra toda forma de dolor,
que soy inmune a tus espadas,
a las palabras disfrazadas de amor,
pero mentir no es lo mío
y lo sabemos los dos,
por eso...


por eso confieso
que aún te quiero
pero en mi corazón
no entra otro remiendo
por eso me esfumo
como un buen recuerdo,
meto en las maletas
nuestros momentos
y luego me pierdo.



Quisiera alzar el vuelo,
volver a empezar desde cero
y ahora ya no tengo miedo
de extender las alas
y volar lejos
de este frente de tormenta
donde la guerra es eterna.

Esto es una despedida,
adiós,
recojo mis armas
y  me voy.



viernes, 2 de septiembre de 2011

Tóxico de Sangre

La primera vez que probó el dulce néctar de la sangre fue el día en que perdió el último rastro de humanidad que le quedaba.

La Niña de Blanco le guió por el jardín con sus juegos de palabras y secretos, bailando entre sus rosas y ocultándose tras sus espinas, riendo con voz cristalina e inocente y unos ojos crueles y antiguos cautivos de estremecedoras historias.

Le señaló la muchacha con un dedito pequeño, pálido y frágil y le sonrió con la dulzura propia del más mortal de los venenos. Pudo ver la muerte grabada en su mirada.

La muchacha alzó los ojos hacia ellos y sonrió con la ignorancia propia de la juventud. No era más que una chiquilla cautivada por la belleza de aquel jardín de rosas perennes, pero al haber puesto el pie en él había firmado su sentencia, al haberse embriagado con su perfume intoxicante y haberse perdido entre las caricias de los suaves pétalos de colores.

Se acercó a él sonriendo con inocencia, atraída irremediablemente hacia la belleza inmortal como un insecto a la luz que iluminará su funeral. Intentó apartarse, escapar de aquella criatura rebosante de vida y juventud, de su tersa piel color nieve y el fragante aroma de la sangre que corría por sus venas, que palpitaba en sus arterias, que intoxicaba sus sentidos. Pero la Niña de Blanco giraba en torno a ellos, sonriente y aterradora en su hermosura sin edad. Y con cada giro sus diminutos labios rosados pronunciaban una frase prohibida y con cada palabra la muchacha entraba en trance y se acercaba insinuante y sus ojos se nublaban con un presagio espectral.

De pronto estuvo entre sus brazos, joven y viva, un corazón palpitante aleteando en su pecho. Intentó zafarse, pero los ojos fríos de la Niña de Blanco lo detuvieron.

"Bebe"-le dijo, un susurro quedo y aterciopelado en su cabeza. Sugerente e irresistible.

Y la muchacha le ofreció su cuello, largo, delgado y pálido como un lirio. Tan fácil de quebrar...

"Bebe"-repitió el susurro al borde de su conciencia.

Y la muchacha se apretó contra él, sus ojos vidriosos, y se inclinó desvelando sugerente el comienzo de sus pechos.

"Bebe"

Y bebió.

Perdió la rienda de sus sentidos que se desbordaron como una cascada de loca sed roja sobre ella. Abrió la boca y sus colmillos se extendieron. Ladeó la cabeza y besó con suavidad el comienzo de su cuello. Saboreó el aroma a rosas salvajes que desprendía su piel. Enredó los dedos en su cabello y la obligó a ladear la cabeza. La locura extendiéndose roja por su cabeza, arrasando los últimos vestigios de conciencia en una marea que lo ahogaba con su perfume a sangre.

Y sus colmillos rasgaron inseguros la piel de la garganta y de golpe los ojos cristalinos de la muchacha regresaron a la realidad y se desenfocaron por un terror sin nombre. Pero la primera gota de sangre ya había rodado entre sus labios y el frenesí se apoderó de él, despojándolo de lo que pudiera haberle quedado de humanidad. Sus caninos se clavaron en su suave cuello y la primera bocanada de líquido carmesí embriagó su cordura. Dulce, intoxicante, venenoso... Un deseo irrefrenable nubló sus juicio y bebió con avidez, excitándose con el beso de la muerte.

Los ojos de la muchacha se perdieron en el infinito y su cuerpo languideció entre sus brazos. Sus labios se entreabrieron y un suspiró que sonó como un jadeo placentero escapó extinguido.

Y en su locura roja, drogado por el tóxico carmesí y rememorando los días de una vida que se extinguía;  recordaría escuchar aquella risa histérica y cristalina como un macabro concierto de cascabeles.

La Niña de Blanco reía.




jueves, 1 de septiembre de 2011

4- Cecil

-Llegas tarde- fue lo primero que le dijo Cecil cuando Rose entró al salón.

Se había repanchingado en su sillón favorito, aquel de cuero negro que siempre olía a violetas, y apoyaba  sus largas piernas sobre la mesita de café con desenfado. Vestía unos ajustados vaqueros deslavados y una camisa azul pálido desabotonada hasta la altura del pecho, dejando entrever una piel blanca, tersa y lampiña en un torso perfectamente plano. El cabello rubio y lacio le caía casi hasta la altura de la nuca, enmarcando un rostro ovalado, de facciones suaves casi femeninas, en que destacaban unos jugosos labios en forma de corazón y unos redondos y relucientes ojos azules. 

Aunque había visto a diario aquel rostro en sus dieciocho años de vida, Rose aún se sentía falta de aliento cada vez que se hallaba cara a cara frente a aquella belleza inhumana, alta y esbelta. En comparación ella con su mediana estatura y su cuerpo que aunque delgado estaba lleno de curvas obscenas, se sentía torpe y pesada. Incluso tan orgullosa como estaba de su corto cabello castaño y sus grandes ojos de chocolate, a veces envidiaba el dorado de Cecil en contraste con su mirada celeste.

-He presenciado algo increíble-declaró la joven dejándose caer sobre el sofá frente al hombre, este también de cuero negro pero sin olor a violetas.

Cecil la miró inexpresivo y aguardó a que hablara, después de todo para un vampiro con siglos a sus espaldas pocas cosas le parecían ya increíbles. Rose era una de las pocas que de vez en cuando aún lograba sorprenderlo. Todo un mérito sobretodo tratándose de una humana mortal. Pero todos sabían que Rose era diferente, demasiado diferente.

-He seguido a la Muerte-confesó Rose en un susurro quedo.

Aquello captó de inmediato la atención de Cecil que se apresuró a bajar las piernas al suelo e inclinarse hacia ella, sus ojos desorbitados por la curiosidad y el ceño dorado fruncido por la preocupación.

-He presenciado el paso de un alma al otro lado- continuó la muchacha en voz apenas audible antes de que pudiera reprocharle su inconsciencia.

-¿No te tenemos dicho que no juegues con la muerte?-protestó el inmortal frunciendo los labios con desaprobación- No es algo que los vivos deberían ver. La última vez tuviste pesadillas por una semana.

-La última vez tenía 12 años-espetó Rose cruzándose de brazos- Y además esta vez realmente merecía la pena...-hizo una pausa dramática en la que Cecil se acercó aún más hacia ella- El alma era feérica. ¡He estado presente en la muerte de un hada?

-¿Un hada?-los ojos del vampiro se abrieron de par en par- Nunca he visto un hada muerta, ya de por si vivas son tan difíciles de encontrar. ¿Y estaba en la ciudad, dices? Eso sí que es extraño. Los feericos son criaturas de la naturaleza.

-Vivía en un viejo apartamento del centro- Rose se abstuvo a propósito de entrar en detalles sobre el nombre o el estado de la calle- Me parece... creo que se dejó morir. Parecía cansada y marchita.

-¿Viste sus alas?-inquirió Cecil curioso.

-Se habían marchitado y caído como las hojas en otoño.

-Es una lástima, pero dicen que el polvo de ala de hada es en verdad milagroso. ¿Cogiste un poco?

Rose negó con la cabeza.

-No tuve tiempo.

-¿No tuviste tiempo? ¿Qué puede ser más interesante e importante que ...? -Cecil se detuvo a media frase, hizo una mueca de disgusto y sus ojos azules se empequeñecieron amenazantes.- Donde hay un rastro sobrenatural llegan Los Limpiadores a borrarlo. -se giró hacia Rose con preocupación y reproche- Eso fue muy temerario, pequeña rosa. Aunque conozcas nuestro mundo y veas lo que otros no ven, ni siquiera yo, no eres inmortal. Jugar con lo prohibido puede ser muy peligroso y no siempre estamos para protegerte.

-Pero pude huir. Aunque tuve que saltar de un quinto piso y se me rompieron huesos que no sabía ni que tenía...- se percató de que Cecil la contemplaba horrorizado- Quería darte las gracias por haberme dado a beber de tu sangre la última vez. Me ha salvado la vida. 

El inmortal bufó.

-Sabía que sería útil aunque los otros se opongan a ellos. Te gusta demasiado el peligro para tu propio bien.

-Pero... ¿Acaso no ha merecido la pena? ¡Piénsalo! ¡Un hada! ¡Una auténtica hada!

Cecil puso los ojos en blanco y suspiró pero una sonrisa divertida bailaba en sus labios. Después de todo él era el más permisivo de sus guardianes, su amigo y confidente.

-Está bien.- susurró tan bajo que Rose tuvo que acercarse aún más para oírlo- Pero será mejor que Marcus no se entere o se podría caer la casa abajo y nuestra amada libertad llegaría a su fin. Así que-le guiñó un ojo cómplice- éste será nuestro secreto.

-¿Qué estáis cuchicheando vosotros dos tan pegaditos?

La voz a sus espaldas los sobresaltó y ambos se giraron al unisono. Apoyado contra el marco de la puerta Marcus los observaba con sus implacables ojos oscuros, majestuoso en su traje negro hecho a medida. Alto y delgado, tenía un porte estricto pero endiabladamente elegante. El negro de sus ropas, sus ojos y su corto y  repeinado cabello contrastaba con la palidez de su piel y acentuaba la ferocidad de un rostro de rasgos afilados y perfectos siempre serios y tenaces, poco acostumbrados a sonreír.

-¿Qué estáis tramando?-repitió despacio pasando la vista de un otro con ojos entrecerrados por la sospecha.

-¡Nada!- respondieron Rose y Cecil a una. Se miraron el uno al otro culpables.

-Nada- Marcus frunció el ceño- Me cuesta creerlo cuando los dos os apresuráis a contestar tan pronta y enérgicamente. 

Con una última mirada se apartó de la puerta y siguió su camino.

Cecil y Rose compartieron una mirada cómplice y una sonrisa de alivio. Sabían que no le habían engañado pero por ahora habían sorteado el peligro.


Víctima de la Rosa

El Jardín de Rosas era tan hermoso y traicionero como su señora, después de todo él lo sabía mejor que nadie. Dulce como el vino, intoxicante y venenoso; no era más que un muchacho inocente e ignorante cuando había puesto por primera vez el pie en aquel jardín maldito y se había perdido para siempre en sus aromas sugerentes. La Reina del Jardín le había recibido mimosa como los suaves pétalos de sus rosas, pero al igual que en sus flores sus espinas eran afiladas y traicioneras. El beso dulce e intoxicante se había transformado en un mordisco y no fue hasta que sintió los fríos colmillos rasgar su piel como veneno que comprendió que estaba perdido. No había salida del Jardín de Rosas, todo lo atrapaba en su inmortal belleza.

La sangre tiñó la palidez de una piel blanca, joven y tersa; y las rosas bebieron sedientas y se vistieron de carmesí para festejar su llegada.

-Ahora habrás de jugar conmigo la eternidad- le había dicho la Niña de Blanco con una sonrisa inocente y ojos de invierno.

Sus labios vestidos con el rojo de la sangre.


miércoles, 31 de agosto de 2011

3- Ellos

"Están aquí"- el miedo trepó sinuoso por su espina dorsal.

Rose miró alrededor desesperada, buscando una salida. El puño frío cerrándose en torno a su garganta.

"Corre"-le susurró su conciencia al oído.

"CORRE"-coreó el terror a voz en grito.

Y Rose corrió.

Corrió con la desesperanza de quien sabe que algo peor que la muerte le pisa los talones. Los Limpiadores habían llegado para recoger los restos que Ella había dejado atrás, para ocultar los misterios de la existencia de los Otros. Y si Rose no salía de allí, ella también sería limpiada, eliminada como una mancha molesta en un mantel perfectamente blanco. Porque al contrario de la Muerte Ellos eran implacables y al igual que Ella carecían de conciencia. Después de todo ambos eran fieles devotos a sus oficios.

La muchacha recorrió rápidamente la estancia y echó a caminar deprisa por un pasillo oscuro. No miró atrás ni siquiera cuando escuchó los pasos que subían inexorables por las escaleras. Sin aliento, se coló en la primera puerta abierta que encontró a la derecha y la cerró con suavidad. Se detuvo un instante con la oreja pegada al marco, en silencio, para acompasar los latidos desbocados de su corazón y su respiración acelerada temiendo que pudieran delatarla. Y aguardó.

Poco después los sintió entrar en el apartamento. Lo supo cuando los fríos dedos de un terror irracional se cerraron opresivos en torno a su nuca. Contuvo la respiración y los oyó murmurar.

Como siempre rápidos, silenciosos y eficientes con su trabajo. Con suerte no se percatarían de su presencia-pensó Rose sin atreverse a mover un solo músculo, ni siquiera para alejarse de la puerta y buscar una salida.

Pero entonces sonido cesó y el silencio llenó la estancia inexorable.

Un solo ruido. Alguien olfateando el aire como un animal. Y de pronto una exclamación que sonó más como una maldición. Un siseó furioso:

-¡No estamos solos! Huele a vida.

La alarma en su cabeza se disparó en todas direcciones. De un salto se alejó de la puerta ya olvidando toda cautela y buscó desesperada una vía de escape. Su corazón casi se detuvo cuando se encontró una decena de ojos de cristal contemplándola impasibles. Le costó una milésima de segundo descubrir que no se trataba más que de una colección de viejas muñecas de porcelana mirándola desde una estantería. Se encontraba en un pequeño dormitorio con olor a viejo y mal amueblado con colores dispares. Pero las muñecas eran exquisitas. No es que tuviera tiempo para admirarlas, lo que captó su atención fue la ventana junto a ellas.

Atravesó la habitación a la carrera y la abrió de par en par. Una ráfaga de aire sofocante y ardiente le dio la bienvenida. De algún modo antinatural en contraste con el sudor frío que había empezado a bañar sus mejillas. Se asomó al exterior y... contuvo una exclamación

A cinco pisos de altura la calle parecía burlarse de ella.

"Es un suicidio"-se dijo, pero el repiqueteo de unos pasos lentos acercándose por el corredor la hicieron estremecerse-" Mejor morir en mis manos que en las de Ellos"

Los pasos se detuvieron frente a su puerta.

"Estás loca, Rose"

El click metálico de la puerta al abrirse hizo que se decidiera. Sin pensar contuvo el aliento y saltó.

Saltó.

Saltó al vacío.

Saltó a la muerte.

"Puede que este sea el día después de todo"-recordaría haber pensado.

Lo único que recordaría de aquella caída mientras el edificio ascendía, el viento caliente azotaba sus mejillas, el suelo se acercaba y ella caía. Descendía a velocidad vertiginosa y la sensación de vacío crecía en su estómago.

Y entonces llegó el pavimento.

Cayó de pies y rodó al instante por el suelo con el desagradable crujido de sus huesos rotos y un estallido de dolor tan insoportable que ni siquiera fue capaz de encontrar el aliento para gritar. Sus ojos se arrasaron en lágrimas, pero comprendió una cosa. Si dolía es que no estaba muerta. Aún.

Al dolor y los huesos pulverizados le siguió una vieja sensación burbujeante que recorrió todo su cuerpo. Comenzando desde los pies hasta la misma cabeza. Como cada vez que la había experimentado en su corta vida, la regeneración le resultó desagradable, como un ejército de hormigas trepando por sus sentidos. Pero era muy útil. Y más importante aún: le acababa de salvar la vida. Tendría que darle las gracias a Cecil por haberle permitido beber su sangre.

Rodó sobre si misma, se puso en pie y echó a correr haciendo caso omiso al cosquilleo y el desagradable quejido de sus huesos rotos volviendo a soldarse. Solo miró una vez atrás, cuando alcanzó el final del callejón y una avenida más soleada y concurrida le dio la bienvenida.

Alzó la vista y sus ojos se encontraron con unos ojos inhumanos carentes de expresividad. El rostro pálido la miró con solemnidad y Rose tembló.

Dio media vuelta y se fundió entre la gente que paseaba y charlaba alegremente en un atardecer caluroso de verano. Era el mundo de los vivos y la ignorancia y se sintió al fin al salvo.

Con un suspiro de alivio echó a caminar hacia casa.


La Niña de Blanco

Siempre la recordaría caminando descalza por El Jardín de Rosas acompañada tan solo por el fru-fru de su vestido blanco. Aquella niña que jugaba a esconderse entre las espinas. Aquella niña de mirada adulta y sonrisa cruel. Aquella niña que como su jardín nunca envejecía.



Jardín de Rosas

Regresó a pasear por el jardín temiendo que las rosas se hubieran marchitado en su ausencia, que el rocío de las lágrimas de sangre hubiera coagulado sobre heridas aún abiertas. Pero lo encontró todo como lo recordaba, como lo había dejado dos siglos atrás.

"El tiempo se ha detenido"-comprendió-"Pero yo ya no soy el que era"


domingo, 28 de agosto de 2011

2- Los dados

La Sombra se filtró en la semipenunbra de un callejón trasero y se desvaneció. Rose se apresuró tras ella. Se detuvo en seco, durante un instante aterrorizada. ¿La había perdido? ¿Habría presentido que la seguía y desaparecido?

No, aquello era imposible-meditó- Ella no era así. A Ella nunca le importaba lo que ocurriera en el mundo de los vivos. La Muerte tan solo existía para su trabajo. Entonces... ¿Dónde había ido? ¿Se había fundido con la penumbra?

Alzó la vista y contempló en silencio el callejón. Era una de esas callejas oscuras de mala muerte que tanto abundaban en los bajos fondos de la ciudad. La única farola que aún seguía en pie parecía haber dejado de funcionar hace tiempo y nadie se había molestado en arreglarla. La fachada gris de los altos edificios a ambos lados estaba desconchada y las escasas ventanas que no estaban rotas o tapiadas estaban cerradas a cal y canto y miraban ciegas al exterior. Rose sintió un leve escalofrío, pero lo ahuyentó al instante. Debía darse prisa o la perdería y presentía que iba a perderse algo importante.

Cerró los ojos un instante y respiró hondo para relajarse. Después dejó que la guiara su instinto, ese sexto sentido que siempre se filtraba en sus sentidos. Y sin abrir los ojos echó a caminar.

Un paso. Dos pasos. Tres pasos...

Había algo realmente inquietante en andar a tientas, experimentar por primera vez un mundo sin luz ni colores.  Aun si se estaba dejando guiar por sus otros sentidos la incertidumbre la acechaba y la inseguridad rumiaba su consciencia. Estar ciega, aunque solo fuera por un instante, era aterrador.

Por suerte, no tuvo mucho tiempo para rumiar la idea. La sombra inminente de un edificio agazaparse sobre ella trajo de vuelta sus sentidos al plano de los mortales. Abrió los ojos y echó un rápido vistazo alrededor. Estaba en el interior de lo que parecía un viejo edificio de apartamentos parcialmente abandonado. El recibidor estaba polvoriento, la pintura de las paredes había sido arrancada a tiras y cubierta por un arte poco cuestionable hecho con spray y la tarima del suelo parecía haber visto mejores tiempos muchos años atrás.

Cada vello de su cuerpo se erizó. Sí, sentía miedo, miedo de aquel lugar abandonado, de los vivos que merodeaban en el mundo de las sombras; pero no eran los vivos quienes hacían erizar el vello de su cuerpo.  Alzó los ojos hacia las destartaladas escaleras y suspiró. Ella estaba allí.

Comenzó a subir despacio al principio, con cuidado de que el suelo no rechinara bajo sus pies. ¿Pero a quién temía alertar? ¿A los vivos o a los muertos? Estaba segura que a Ella no le importaba que estuviera o dejara de estar allí, aún si Rose era una alteración del equilibrio natural de las cosas. No, a Ella no le importa. Pero a otros sí.

Se llevó la mano al pecho para acallar los fuertes latidos de su corazón y siguió subiendo esta vez más deprisa. Sabía que estaba haciendo algo peligroso, sabía que sus sentidos la gritaban que diera media vuelta y se alejara, sabía que aquel no era lugar para los vivos y sin embargo, no podía dejar de avanzar, como si una fuerza invisible la guiara.

"La curiosidad te acabará matando"-le había dicho alguien una vez. Solo esperaba que aquel no fuera el día.

Se detuvo en el rellano del quinto piso. Una tenue luz se filtraba a través de una puerta abierta.Y Rose hizo aquello que nunca se debe hacer: seguir a la luz.

Dio un paso, luego otro y se detuvo en el rellano de la puerta. Observó.

En medio de un pequeño salón con olor a viejo y cerrado una niña pequeña jugaba a los dados sobre una alfombra raída y descolorida. Era bajita y delgada, con una figura tan frágil y delicada que parecía a punto de romperse si la tocabas. Como una muñeca de cristal. La luz de luna que se filtraba por entre las rendijas de una persiana mal cerrada jugaba con su piel pálida, despertando sombras oscuras bajo sus ojos. Unos ojos inmensos y negros, antinaturales en un rostro enjuto e infantil, pero que de algún modo le daban una belleza salvaje impropia de una niña.

La pequeña lanzó el último dado sobre la alfombra y Rose lo observó rodar en silencio, sobrecogida. Giró y giró sobre si mismo hasta detenerse con un suave bamboleo junto a sus pies. La muchacha contuvo dar un grito sobresaltada.

-Ese es el dado del destino- dijo de pronto la niña con voz melosa e infantil- Ha dejado de girar para mí.

Rose levantó la vista despacio y se encontró con aquellos inmensos ojos oscuros clavados en ella. Un escalofrío recorrió su espina dorsal pero se contuvo de retroceder. Sería de mala educación-pensó. Era prudente temer a lo desconocido, pero dejarse llevar por el miedo se consideraba una fobia que rozaba en el racismo. Aunque Rose no sabía si aquel sería el término correcto a utilizar.

La niña sonrió, una sonrisa infinitamente sabia y cargada de nostalgia.

-¿Puedes verme?-preguntó con inocencia- ¿Has venido a contemplar mi partida? ¿o deseas acompañarme a los parajes de lo desconocido?

-Solo soy una espectadora-balbuceó Rose nerviosa.

La niña asintió despacio.

-Una invitada, pues.-sus ojos se abrieron de par en par como si acabara de recordar algo y su sonrisa se ensanchó, blanca y plácida-Es la primera vez que tengo una invitada en muchos años. Pero tendrás que perdonar mi poca hospitalidad, en estos momentos no estoy en condiciones de ofrecerte nada. De todos modos gracias por venir, no creía que nadie viniera a despedirme. Oh, pero no llores por mí, no soporto las lágrimas, a decir verdad tampoco los adioses. Vosotros siempre consideráis la Hora como un final. Yo que he caminado tanto sobre este planeta que ya he olvidado como contar los años solo lo veo como un nuevo comienzo.

Se puso lentamente en pie, con cansancio infinito y se giró hacia la ventana. Rose siguió instintivamente su movimiento y contuvo una leve exclamación. Allí, recortada contra la luz de la luna, estaba la Sombra, Aquella que no era ni hombre ni mujer, observando sin ojos y en silencio opresivo a la pequeña que caminaba hacia ella.

-¿Deberíamos irnos?- preguntó la pequeña extendiendo su diminuta mano hacia Ella.

La Sombra no respondió, tan solo aceptó aquella pálida manita entre sus guantes de penumbra y poco a poco, la oscuridad de la habitación comenzó a filtrarse, a colarse por cada resquicio y a envolverlas suavemente como un manto. La niña volvió a sonreír mientras la sombras la consumían en silencio.

-Hasta la  vista-dijo- Volveremos a vernos-sus ojos bajaron hacia el dado que había caído junto a los pies de Rose y sus ojos se entrecerraron-O tal vez no.

Despacio, Rose bajó la mirada y contempló en silencio el dado, detenido junto a su zapatilla roja. Una cara blanca, sin puntos, completamente limpia en un dado en blanco.

-¿Qué significa eso?- preguntó la joven confusa alzando la vista, pero solo le respondió el silencio. La niña, La Muerte y el manto de sombras se habían desvanecido. Estaba sola.

Se volvió hacia el sofá. Sobre un pequeño lecho de hojarasca descansaba un cuerpo menudo y delgado de piel arrugada y macilenta. En un rostro enjuto surcado por las marcas de la edad dos inmensos ojos oscuros miraban vidriosos el infinito.

Rose sintió como la congoja se apoderaba de ella y se abrazó  con fuerza para contener un escalofrío.

-Así que es igual para ellos-murmuró- Eso es lo que queda cuando se va el alma.

Se agachó y recogió el dado del suelo. Lo hizo girar sobre su palma y entonces un terror frío e irracional se apoderó de ella. Una sensación gélida y opresiva como un puño de hielo le obstruía la garganta. Se puso en pie de un salto y recorrió toda estancia con la mirada como un animal enjaulado. Conocía bien aquel miedo, demasiado bien.

Ellos iban hacia allí y ella tenía que escapar antes de que se percataran de su presencia. O su nombre sería la próxima entrada en la agenda de la Muerte.


martes, 23 de agosto de 2011

A quien le importa

A quien le importa que pida perdón
si ya no hay nadie para escucharlo,
A quien le importa que entierre el corazón
si ya no hay nadie para reclamarlo

A quien le importa que entregue mi amor
si ya no hay nadie para recibirlo,
A quien le importa que rompa mi voz
si no escucha nadie más que el olvido

A quien le importa que diga que fuiste tú
si tú no estás para confirmarlo.

¿Acaso es un pecado amar?
Aunque no importa ya,
a ti que todo te entregué
y te convertiste en aire

A quién le importa,
a quién le importa,
que ría o llore,
que viva o muera,
que llame
si no habrá respuesta

A quien le importa que sueñe con tus caricias
cuando tus manos son hechas de sueños,
a quien le importa que bese tus labios
si de memorias son hechos tus besos

¿Acaso es un pecado amar?


A quién le importa,
a quién le importa,
que odie o ame,
que sane o hiera,
que llame
si no habrá respuesta.


jueves, 11 de agosto de 2011

1-La Sombra

Era una calurosa tarde de verano, pesada y tranquila, y Rose arrastraba sus viejas zapatilla de tela roja calle abajo con desgana. Embutida en unos shorts vaqueros algo deshilachados y una sencilla camiseta de algodón blanco sin mangas que realzaban su figura esbelta y voluptuosa, ni siquiera la escasez de ropa ni su corta melena castaña conseguían paliar aquella falsa sensación de calor pegajoso y el malestar de un tenebroso presentimiento. Rose pensó que aquel era uno de aquellos días donde el tiempo parecía detenerse aun cuando la vida seguía, una tarde que se fugaba como un espejismo en el desierto.

Y entonces la sombra pasó a su lado.

Antes de verla la presintió, alarmada por cada vello de su cuerpo que se erizaba. Después despacio giró la cabeza. Y la vio. 

Su silueta era humana, pero no podría decirse que fuera hombre o mujer pues su rostro carecía de facciones. Vestía de negro, con una tela tan vaporosa como las tinieblas que juegan con la luz de las farolas en las noches sin luna. Caminaba despacio, con la parsimonia de quien llega siempre puntual a cada cita, con un horario que siempre aguarda su llegada.

Como si hubiera captado su mirada, la Sombra se giró y sus ojos se encontraron y al instante se reconocieron mutuamente. Tan solo fue un momento. Y unas cuencas oscuras cargadas de tinieblas la engulleron. Después la Sombra continuó su camino inexpresiva como si nada hubiera sucedido.

Rose se detuvo en medio de la calle y dudó. Temblorosa a pesar del calor bochornoso. Todos sus instintos le gritaban que corriera en dirección contraria, que se alejara de la Sombra cuanto antes; pero había algo fascinante en ella, el misterio de contemplar lo inexplicable. 

Sus pies tomaron la iniciativa haciendo caso omiso a los reproches de su conciencia, dieron media vuelta y echaron a andar despacio, como perseguidores que deseaban no tener presencia. Su respiración se aceleró mientras acompasaba su paso al de la sombría figura.

Era macabramente excitante seguir a la Muerte.


Preludio

Las cuatro figuras vestidas de sombra se inclinaron sobre la diminuta silueta que yacía silenciosa sobre el suelo.

-¿Es ella?

-Es ella

-¿Es ella la que traerá el final a los nuestros?

-No es más que una niña.

-Una niña humana. Cualquier humano es niño a nuestros ojos...

-...pero ésta es apenas un cachorro.

-Acaba de abrir los ojos al mundo...

-... y el mundo ya ha tomado su futuro.

-¿Qué haremos? 

-Es un peligro para todos nosotros.

-Pero el destino ha querido dejarla a nuestras puertas.

-Entonces el destino es cruel.

-No, tan solo es el destino.

-Ella es nuestro destino. 

-Una humana...

-Y ahora está en nuestras manos.

-El destino está en nuestras manos...

-¿Qué haremos?

-Contemplarlo

-Vivirlo

-Como siempre

-Como todo-corearon las cuatro voces a la vez.

Como todo...


miércoles, 10 de agosto de 2011

Culpa

Aguardó hasta que la noche cayó sobre ellos y los envolvió con su suave manto de oscuro terciopelo. Solo entonces se volvió lentamente hacia la figura inmóvil que reposaba a su lado y con ojos velados de remordimientos la contempló. 

Su piel pálida y desnuda, impoluta como las primeras nieves de invierno, tan solo quebrada por dos diminutas perlas de sangre roja que adornaban su cuello con desgana.

Sus ojos hermosos, carentes de expresión, vacíos, perdidos en algún lugar de un infinito vidrioso que él nunca podría alcanzar.

Se inclinó despacio consciente del silencio antinatural de un pecho en cuyo centro no latía corazón y posó un beso amargo sobre sus labios, fríos y azules como los atardeceres de enero. Suspiró, deseando que su suspiro rompiera el maleficio de sus propios pecados e insuflara vida a aquel cuerpecillo desgastado. ¡Qué ironía! Pensar que la muerte pudiera traer la vida.

Con cuidado, vistiendo el silencio como una mortaja, tomó el último retazo huidizo de ilusión y lo apagó en el cenicero de la realidad. Con un último vistazo al reflejo de su naturaleza se puso en pie y contempló por última vez su obra, aquel cuerpo que había quedado sepultado en vida por sus instintos más primarios. Y una vez más se preguntó porqué todos se desvanecían de su lado y tan solo quedaba él para caminar por aquel mundo cada vez más incierto.

Por fin, dio un paso cansado y se cubrió los hombros con el manto de la culpa, más gélido, oscuro y pesado que la misma noche; y echó a andar cabizbajo, arrastrando los pies por la tierra de los recuerdos y sin dejar huella de su partida.

El caminante solitario continuaba su infinito viaje... hacia un mañana incierto.


domingo, 7 de agosto de 2011

Como un sueño te desvaneciste y ahora recojo los retazos de tristes recuerdos que dejaste atrás.

martes, 2 de agosto de 2011

domingo, 31 de julio de 2011

Pétalos de amor

Palabras de amor nunca dichas
como pétalos que se marchitan
en el jarrón de la memoria

viernes, 15 de julio de 2011

Boquita de piñón

Recuerdo que te pregunté si me querías y con tu boquita de piñón me sonreíste. Aquella sonrisa fue como el preludio del desastre y aun hoy tiemblo al recordarla.


miércoles, 13 de julio de 2011

Dulce desorden

Como un suspiro que se coló en la orilla lejana de un sueño, te acercas sin previo aviso y revuelves mis rincones, los lugares más recónditos, los secretos más ocultos que anidan en mi interior, y te esfumas como la neblina de un sueño que nunca existió.

Como una suave brisa acaricias mis sentidos, revoloteas en el límite de mi conciencia, jugueteas con las sensaciones que despiertas sin recato y después te diluyes en el sol de la madrugada, en el horizonte inalcanzable de mis fantasías y despierto a una realidad solitaria y fría, a un mundo sin ti.

Eres aquel sueño que nunca llama a la puerta pero siempre encuentra la entrada, una emoción que no necesita de palabras, un sinsentido que desbarata mis cajones y desordena mis baúles, como un terremoto que me desestabiliza, un maremoto que me sumerge en la tierra de las fantasías, un torbellino que enreda mis sentimientos...pero cuando te marchas sin recoger el desorden que dejaste deseo poder retenerte y encarcelarte en este corazón que ya has dado por conquistado. Pero igual que no puedo poseer el mar, la tierra ni el aire, tú tampoco me perteneces y te esfumas, y me siento en mi soledad a ordenar las habitaciones que pusiste patas arriba, a caminar por los recuerdos que colgaste de mis paredes sin permiso y a aguardar... aguardar tu regreso y el dulce desorden que traes contigo.


lunes, 4 de julio de 2011

Numb

You say goodbye
and suddenly my heart goes numb,
I'm unable to feel nothing at all,
the only thing I wanna do
is hold you strongly into my arms.
No matter how much time comes or goes
I still wanna hold on to you
but you were so short, so brief
like a summer breeze,
you left me
and my heart went numb
and now I feel nothing at all,
now I feel nothing at all

jueves, 23 de junio de 2011

¿Por qué?

"¿Por qué?"- me preguntas- "¿Por qué?"-con esos ojos donde anida la esperanza mientras poco a poco su luz se va apagando mientras dreno tu dulce vida sorbo a sorbo y saboreo tu piel en la punta de mis labios, paladeando tus recuerdos como la mejor de las cosechas tintas que la tierra ha dado. Y aún me preguntas sin palabras- "¿Por qué?"- con esos ojos donde anida la esperanza.


fanart de TashaUchiha


A hundred words for a broken heart

Saranghee
I love you
Te amo
Aishiteru
Je t'aime
Maite zaitut
...
nevermind how many ways I know
to say the same words
they are never enough
as my love grows
bigger and bigger
those words get
little and more little.
I wish I could show you
minute by minute
this heart
that pumps
only for you

Annyeong
goodbye
adiós
sayonara
au revoir
agur
...
Doesn't mind in how many ways you say it
time and time you make me cry
How many ways do you know
to make my heart cold?
To break my heart over and over again
in the same way, just different words
I wish you could take with you
the broken pieces of love
you left behind.

Mianhamnida
I'm sorry
Gomen nasai
Lo siento
Je suis désolé
Sentitzen dut

Please forgive me...
Perdóname...

It is too late
I gave you every word of love,
I gave you my pumping heart
you threw it away,
you broke into my path
and then left
with a hundred words of goodbye
but no explanation at all,
now you come asking for
those words I don't have,
forgiveness is not on my dictionary
you took it with you
so don´t come begging
for those words you took

Oh, I loved you in a hundred ways
with a hundred words
and you broke my heart in a hundred pieces
with a hundred words
when you only needed one,
Oh you only left me
a hundred words for a broken heart!

viernes, 17 de junio de 2011

Te quiero porque te quiero

Es una cálida tarde de comienzos de verano, una temperatura agradable envuelve a los enamorados, pareja plácidamente tumbada sobre la suave hierba del parque, bajo el sol, el cielo azul y las blancas nubes que vuelan como el tiempo y los sueños. La fragante brisa arrastra el aroma de las flores y la tierra seca y acaricia juguetona la piel desnuda de sus brazos entrelazados. 

Entre ellos se acomoda el silencio, acostumbrado y relajado, pues no necesitan compartir palabras para pasar las horas juntos como enamorados. Han aprendido a disfrutar el sencillo placer de su mutua compañía, a hacer de un breve momento un paraíso perenne del recuerdo. Saben que el cielo se encuentra en aquellos instantes de paz, de simple felicidad.

Ella se despereza lentamente bajo el sol, como un gato que ha pasado un tarde perezosa durmiendo sobre el tejado, y poco a poco la realidad vuelve a despertar sus sentidos. Como siempre cuando su alma se inquieta y siente aquella mano grande suavemente entrelazada con la suya, siente ese breve momento de nostalgia, como si viviera un sueño y le inquietara despertar. 

Con cuidado se gira, se levanta despacio y apoya la cabeza sobre la palma de su mano. Observa en silencio a su compañero, recorre con sus pupilas su rostro relajado, imagina sus ojos oscuros tras los párpados cerrados, dibuja una sonrisa ficticia en sus labios inmóviles y como cada vez poco a poco siente la irrealidad de un largo sueño calar sobre ella. Quiere tocarlo, asegurarse de sigue allí y de que no es una ilusión fruto de su mente solitaria; pero tiene miedo a despertarlo y que se esfume como un dulce recuerdo. Por un momento sueña que es la suave brisa que juega con sus cabellos o el aire que besa ligero la piel de sus labios, podría ser la hierba verde que cosquillea sus sentidos o el suave murmullo de una fuente cercana que lo arrulla en sus sueños. Suspira. Un suspiro largo y silencioso lleno de deseos.

Como si presintiera su mirada, o tal vez porque siente la frescura de su sombra agazaparse sobre él, el hombre abre lentamente los ojos y la mira. Sus miradas se encuentran y se entrelazan, se funden, se abrazan, como viejas conocidas.  Él la recorre con la vista un instante, como para asegurarse de que no ha olvidado ninguno de sus pequeños detalles, y después satisfecho con el boceto de su memoria vuelve a buscar sus ojos y aguarda en silencio. Sin palabras sabe que ella va a hablar.

-¿Por qué me quieres?- inquiere ella, una pregunta llena de todos sus miedos e inseguridades, los más profundos secretos de un corazón enamorado que teme perder el amor.

Una sonrisa baila en sus labios un instante. No necesita pensar, rumiar la idea, la respuesta es un conocimiento innato en él, simple y real.

-Te quiero porque te quiero.

Una respuesta sencilla, sin necesidad de adjetivos, sin que la tiñan las dudas ni las preocupaciones vanas. Tan solo unas palabras claras que no parecen decir nada pero lo encierran todo. "Te quiero porque te quiero"

Una frase tan simple basta para disipar todos los temores infundados de ese inquieto corazón enamorado. El amor más puro y cómodo, sin complejidades. Ella sonríe satisfecha y él siente que su alma se aligera cuando su mirada se aclara. Se inclinan el uno hacia el otro casi al unísono, empujados por el resorte de la familiaridad y sus labios se encuentran a medio camino y se funden.

Entre ellos se vuelve a instaurar el silencio pero ellos no lo escuchan.


miércoles, 15 de junio de 2011

Sin ti

Despierto es una cama fría,
a mi lado una almohada vacía
desde la mesilla
me mira tu fotografía
y el sinuoso silencio
llena la habitación de recuerdos.

Me abraza la soledad sin cariño,
sobre el suelo abierta aún tu despedida,
aguarda cabezota tu regreso
inconsciente de su propio sin sentido,
porque un adiós dejará de ser adiós
si volvieras por donde te has ido,
pero aun si esa despedida dejara de existir
aún te espera.

Abro tu lado del armario
y el vacío me sonríe,
en mi corazón se hace eco
de ese hueco
que una vez tú ocupaste
y ahora no queda sino el recuerdo

Mientras desayuno en tu silla se sienta el silencio,
toma sin reparos ese lugar que una vez fue tuyo
y se burla de mis perdidos sueños.
Sobre la mesa una taza de café sin dueño
aguarda a su compañero,
en vano pues ya no volverán a beber juntos,
a compartir esos íntimos momentos

En su vaso se alarga un cepillo
buscando alcanzar a su gemelo
sus púas estiradas en agonía
tan solo encuentran su propio reflejo,
mi única compañía en el espejo.

Y así pasan los días y las horas,
vacías y carentes de secretos,
sin ti el tiempo se detiene en el misterio
de llenar los vacíos que dejaste puestos,
sin ti yo soy la única habitante del silencio.

martes, 14 de junio de 2011

Let me be your wind

Whenever I'm feeling down
I turn the radio on
and suddenly your voice pops up
and you embrance me with your song,
you are able to reach my heart,
to make me feel sad or warm,
with just a word
you change my world
and now for everything you gave me
I want to give you something in return,
let me be your wings
the wind that lets you fly,
when you feel like falling
just fall
I'll be beneath,
always beneath you
to take you,
hold you, my dear
and help you stand up

Let me be the wind that lets you fly

lunes, 13 de junio de 2011

El hilo del destino

Nuestros caminos se cruzaron
¿fue el destino?
¿o pura coincidencia?
Mi corazón se estremeció en silencio
Y sentí que no eras un desconocido
A pesar de que nunca antes te había visto.
De pronto lo supe con certeza,
Solo supe,
Que éramos almas gemelas,
Amantes separados por los juegos de la vida
Pero enredados por el hilo del destino
Y que sin importar cuán lejos estuvieras,
Si pisabas o no mi misma tierra
Este hilo invisible
Me mantendría atada a ti
Quiera o no quiera,
Y que sin importar cuánto tratemos de huir
Al final del camino,
A la vuelta del destino
Siempre regresarás a mí


domingo, 12 de junio de 2011

You are love

"What's the color of love?"
someone asked
"Does it have one?"
For me the color of love
is the pink of your cheeks
when you blush,
for me it's the peach tone
of your skin
or the brown when you are tanned,
for me it is the black of your eyes
and the white of your smile

What's the form of love?
Does it have one?
For me love has your form
'cause you are the only one
lingering in my heart,
for me you are love
for me love is you
Oh, you are love...

"What's the flavor of love?"
someone asked
"Does it have one?"
For me the flavor of love
is the mint in your lips
when we kiss,
for me it's the bitter salt
of your tears
when you come crying to me,
it's the honey of your shampoo
and the fruit scent of your bodymilk


 What's the form of love?
Does it have one?
For me love has your form
'cause you are the only one
lingering in my heart,
for me you are love
for me love is you
Oh, you are love...

"What's the scent of love?"
someone asked
"Does it have one?"
For me the scent of love
is the perfume you wear
every single day,
is the sweetness of your sweat
faintly in my skin
after you embrace me,
is the scent of the summer sea
and of flowers in spring


What's the form of love?
Does it have one?
For me love has your form
'cause you are the only one
lingering in my heart,
for me you are love
for me love is you
Oh, you are love...

"What's the sound of love?"
someone asked
"Does it have one?"
For me the sound of love
is the one of your voice
calling me,
for me it's the melody
when you turn on TV,
your favorite song on the radio,
your footsteps when you come home
and the happy sound of your hello


What's the form of love?
Does it have one?
For me love has your form
'cause you are the only one
lingering in my heart,
for me you are love
for me love is you
Oh, you are love...

What's the meaning of love?
Does it need one?
There's nothing to explain
for me it's easy to say
The meaning of love is you
'cause you are the one meant for me,
for me you are the only one,
for me you are love
for me love is you
and that's all
I need to know

Oh you are love
Oh, love is you
Oh, you are love!!

sábado, 11 de junio de 2011

I can't believe it

I can't believe 
I let you leave
I can't believe,
I can't believe it

I can't believe 
I'm still here
waiting for you,
oh, my dear

I thought it was just a crush,
nothing more, nothing much
so when you said 
"lets end this farse"
I said "okay"
without a care 

I've never been so wrong,
no, never before,
I'm still sitting with your memories
I'm still pursuing you in dreams
I'm still looking at your photographies,
I'm still hanging on your hands, in tears

 I can't believe 
I let you leave
I can't believe,
I can't believe it

I can't believe 
I'm still here
waiting for you,
oh, my dear

I can't believe 
I let you go, 
without a care
without a word

I can't believe it 

I've never been so wrong
(No, never before)


I feel like thorns
prick my throat
whenever I try
to say those words,
so simple and so short
but they won't come out

Oh, I love you
Why am I unable to say I love you?

Is it my pride
that when you come
I look away?
I don't want you to see
my eyes overflowing with
never shed tears

 I can't believe 
I let you leave
I can't believe,
I can't believe it

I can't believe 
I'm still here
waiting for you,
oh, my dear

I can´t believe 
I was so wrong,
I've never felt like this before,
sorry baby I was so slow
I never realized it was love
and it is too late now...
to come around

I can't believe 
I can't believe it
Why did I let you leave?

I can't believe
I'm still hanging in here 
I can't believe
I'm still hanging in your hands,
oh, my dear... 



jueves, 9 de junio de 2011

Bajo el mismo cielo

¿Recuerdas aquellas noches
en que alzabamos la mirada al cielo
e inventabamos constelaciones?

¿Recuerdas cuando dibujaba
tu cara entre las nubes
y tú me dejabas mensajes de vaho
en los húmedos cristales?

Yo a veces aún alzo la vista
y te busco entre las estrellas
dime ¿si tú alzas los ojos
me ves mirar?

Aunque nos separe el mar
aunque no pisemos la misma tierra
si alzamos nuestras cabezas
veremos el mismo cielo azul,
no importa cuantas millas, cuantas leguas,
si mi día es tu noche y tu noche mi día,
si alzamos la vista
compartiremos el mismo cielo azul

A veces me imagino que el cielo es un espejo
que si te asomas a su luz
verás mi reflejo.

A veces sueño con una ventana
a través de la luna llena
que llevará mis suspiros
a tu tierra

Y a veces sueño que las estrellas fugaces
son nuestros carteros
y te llevan mis mensajes
escritos con deseos

Aunque nos separe el mar
aunque no pisemos la misma tierra
si alzamos nuestras cabezas
veremos el mismo cielo azul,
no importa cuantas millas, cuantas leguas,
si mi día es tu noche y tu noche mi día,
si alzamos la vista
compartiremos el mismo cielo azul

Miento si digo que no duele
caminar por esta tierra que no pisas
pero me consuelo simplemente
pensando que comparto el aire que tú respiras

Y cuando lloro me pregunto si
las nubes te llevarán mi lágrimas
y la lluvia te empapará de mí

No importa si estás lejos
si alzo la vista nos conecta el mismo cielo,
no importa si estás lejos
¿pero entonces porque siento que muero?


Aunque nos separe el mar
aunque no pisemos la misma tierra
si alzamos nuestras cabezas
veremos el mismo cielo azul,
no importa cuantas millas, cuantas leguas,
si mi día es tu noche y tu noche mi día,
si alzamos la vista
compartiremos el mismo cielo azul

Si no pisas mi suelo,
si no te bañas  en mi oceano
al menos si alzo la vista
sé que nos conecta el mismo cielo...
sé que nos conecta el mismo cielo...

miércoles, 8 de junio de 2011

No me digas adiós

Por alguna razón
cuando me miras se me encoge el corazón,
pero cuando dices adiós
solo sonrío
y me despido
y cuando te vas,
cuando sé que no estás
y no me puedes mirar
se me borra la sonrisa,
escapa como una condenada fugitiva.

Por alguna razón
no soy capaz de serte sincera,
por alguna razón
antes de hablar mis palabras vuelan,
por alguna razón
duele decirte adiós
pero duele aún más
cuando lo dices tú
con una sonrisa y sin ningún rencor

Quiero pedirte
no me digas adiós,
como si cada día fuera el último
ohhhh,
no, no me digas adiós

Por alguna razón
cuando me dices gracias se me rompe el corazón,
¿Qué es esta fría sensación?
Este miedo que me empuja
hacia mi perdición,
cuando me dices adiós
con una sonrisa
siento que todo acabó
y cuando me vuelves a buscar
busco inconscientemente ilusión
en tu mirar
y cuando no encuenrtro nada
me ahogo en la desesperación

Por alguna razón
no soy capaz de serte sincera,
por alguna razón
antes de hablar mis palabras vuelan,
por alguna razón
duele decirte adiós
pero duele aún más
cuando lo dices tú
con una sonrisa y sin ningún rencor

Quiero pedirte
no me digas adiós,
como si cada día fuera el último
ohhhh,
no, no me digas adiós

Por alguna razón
aunque estás conmigo temo perder tu amor,
dime ¿qué es este temor?
constante inquilino que me desbarata el corazón
quiero saber ¿también lo sientes tú?
cuando me dices adiós
¿se borra tu sonrisa
al igual que vuela la mía?
¿Qué hay en tu interior?
quiero saberlo
pero las palabras se desbandan
vuelan con el miedo
a que me digas no...
para mí eso no sucedió

Noooo,
ohhh


Por alguna razón
no soy capaz de serte sincera,
por alguna razón
antes de hablar mis palabras vuelan,
por alguna razón
duele decirte adiós
pero duele aún más
cuando lo dices tú
con una sonrisa y sin ningún rencor

Quiero pedirte
no me digas adiós,
como si cada día fuera el último
ohhhh,
no, no me digas adiós

Dime, por favor,
¿Te el duele el corazón
como me duele a mí
cuando escucho tu adiós?

Ohhh
no, no me digas adiós...

sábado, 4 de junio de 2011

Contradicciones

Tú que me hieres con tus labios
y me sanas con tus besos,
tú que me rompes con tus manos
y me arreglas con tus dedos

Yo que te alejo con mi boca
y te busco hasta en mis sueños,
yo que escapo cuando me tocas
y te deseo con mis huesos

Tú que me das la vida
y me la quitas,
tú que me haces sonreír
y me desquicias,
tú que eres dueño de todas mis contradicciones,
solo tú,
ladrón de corazones

Solo a ti te puedo entregar el mundo entero,
solo tú puedes robarme incluso el aliento
y cuando ahogada siento que muero
darme tu aire e incluso tu viento

Tú que me robas con tus mentiras
y que me regalas luego la vida,
tú que juegas con mis sentimientos
y cuando me amas te vuelves serio

Yo que niego todas tus palabras
y a hurtadillas me escondo para escucharlas,
yo que finjo que nada me interesa
y siempre te espero tras la puerta

Tú que me das la vida
y me la quitas,
tú que me haces sonreír
y me desquicias,
tú que eres dueño de todas mis contradicciones,
solo tú,
ladrón de corazones

Solo a ti te puedo entregar el mundo entero,
solo tú puedes robarme incluso el aliento
y cuando ahogada siento que muero
darme tu aire e incluso tu viento

A ti que te debo todo
y todo te lo llevas,
a mí que me das todo
y luego me lo niegas
¿es el amor
un juego de contradicciones?
¿O solo eres tú,
fabricante de ilusiones?


Tú que me das la vida
y me la quitas,
tú que me haces sonreír
y me desquicias,
tú que eres dueño de todas mis contradicciones,
solo tú,
ladrón de corazones

Solo a ti te puedo entregar el mundo entero,
solo tú puedes robarme incluso el aliento
y cuando ahogada siento que muero
darme tu aire e incluso tu viento
 darme tu vida y todo tu tiempo

...

dármelo todo
y robármelo luego...

Palabras y olvido

Las palabras que nublaron mis sentidos
se perdieron como sueños desconocidos,
como mentiras encadenadas al olvido