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lunes, 8 de octubre de 2012

Campo de Amapolas

Las amapolas son flores sencillas y frágiles. Crecen al borde del camino y en las campas y adornan el mundo con su brillante escarlata. Pero apenas aguantan una caricia de viento antes de desaparecer de nuevo. Tal vez por eso no me gustan demasiado las amapolas, porque son tan sencillas que no resaltan y tan frágiles que ni siquiera puedo tocarlas sin matarlas. Pero a la vez, cada vez que veo una grito emocionada "Mira, una amapola" y es que ver esta flor de vida tan corta adornando el mundo valientemente con su colorido me llena de una misteriosa alegría. Es una flor especial precisamente por su fragilidad, allí donde yace su rareza.

Nuestro amor fue como un campo de amapolas. Tan sencillo, tan frágil y tan corto... y a la vez tan lleno de color, iluminó con su inesperada luz un mundo de tonos grises. Fue su fragilidad, su corta vida, lo que lo hizo tan especial. Llegó de improviso y con la primera caricia de tempestad voló. Y nos dejó a ambos colgados del pasado, presos de aquel campo de amapolas donde florecieron nuestros sentimientos y sin darse tiempo a comprenderse perecieron. Sin darnos cuenta, aunque ya no es más que un recuerdo, aún somos cautivos de aquel campo de amapolas donde fuimos, aunque sea por un pestañeo de la vida, inmensamente felices. 

Si tan solo no hubiera llegado la tormenta, si no nos hubiera arrasado la tempestad, si el tiempo hubiera seguido su curso... pétalo a pétalo cada uno de esos sentimientos hubieran encontrado su momento para marchitarse con naturalidad. Pero el destino fue cruel y nuestras amapolas fueron arrancadas en la flor de su vida sin tiempo a aprender que su existencia no era sino una ráfaga pasajera. Por eso aún seguimos presos de esas flores que representan nuestros sentimientos, aunque hace tiempo que se marchitó su primavera, porque inconscientemente deseamos regresar a ese campo de rojas amapolas que representó nuestra felicidad. Aunque si volviéramos ahora no encontraríamos sino tierra árida y silencio, allá donde una vez hubo un campo de amapolas ahora no hay sino nostalgia vestida de recuerdo, pensamientos en forma de flor y un solitario nomeolvides que plantamos como un requiem en nuestro corazón. Un requiem en memoria del amor.


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